En la izquierda: Irene López, Victor Ehrlich, Ali Abou-Hassan, Myriam Chaovachi y Anupong Nuekaew. En la foto de la derecha el investigador de la UCO Juan J. Giner. - UCO
CÓRDOBA 19 May. (EUROPA PRESS) -
Un equipo internacional en el que participa la Universidad de Córdoba (UCO) ha llevado a cabo un ensayo en laboratorio que utiliza una molécula para estabilizar, a modo de coraza, nanopartículas de oro, utilizadas en terapias con calor en medicina, y que su efectividad dure más tiempo.
Según informa la UCO en una nota, las nanopartículas de oro, cuyo tamaño sería equivalente a la milésima parte del ancho de un cabello humano, tienen la capacidad de convertir la luz que reciben a través de un láser en calor. Esta habilidad, que en medicina se conoce como terapia fototérmica, es eficaz para destruir células cancerosas sin dañar el tejido sano de alrededor y es una de las técnicas en las que está profundizando la comunidad científica como alternativa para evitar la agresividad de la quimioterapia.
Ahora bien, el mismo 'superpoder' con el que atacan los tumores, el calor, es su propia criptonita, ya que acaba deformando las nanopartículas de oro y, con ello, debilitando su efectividad. En concreto, estas nanopartículas tienen una forma y un contorno muy definidos, como dos pirámides unidas por la base. Al recibir calor, las pirámides van redondeando su contorno y perdiendo la forma, por lo que no pueden dirigir bien el calor a una zona determinada.
Un ensayo en laboratorio realizado por un equipo internacional en el que han participado las universidades de Córdoba, Estrasburgo y Sorbonne ha identificado una nueva fórmula para estabilizar las nanopartículas de oro, que estas mantengan su forma durante más tiempo y así su efectividad dure más.
La clave ha sido dirigirse hacia la capa más superficial (o plasmón) de estas nanopartículas, que es donde se recibe la luz del láser, y añadirle una nueva molécula, como si de una coraza se tratara. Dentro de las diferentes moléculas que el equipo ha utilizado, un polímero ha sido el más eficiente para estabilizar la nanopartícula.
Como ha explicado la investigadora de la UCO Irene López, "se trata de un polímero de cadena larga que protege muy bien a la nanopartícula y que se posiciona en ciertas partes de la misma protegiendo mejor que otras moléculas".
El polímero ha funcionado mejor que una molécula más biocompatible como el citrato de sodio, que proviene del ácido cítrico y que se encuentra en el limón o la naranja, por ejemplo. Ese ácido, a pesar de no ser malo para las personas, sí afecta a la morfología de las nanopartículas.
En la investigación se ha "comprobado que una molécula biocompatible como el citrato de sodio no es la mejor alternativa para estas nanopartículas, sino que es un polímero que no tiene las propiedades biológicas tan buenas como el citrato", sostiene López.
Así lo han observado utilizando, gracias a la colaboración con un equipo de Estrasburgo, una técnica llamada microscopía electrónica de transmisión de celda líquida, que permite conocer en el mismo momento qué está ocurriendo durante la irradiación y cómo cambia la morfología de la nanopartícula.
El ensayo, que surgió tras una estancia predoctoral de López gracias a una beca de movilidad de la Universidad de Córdoba, se ha publicado en la revista Advanced Functional Materials y en él han participado también Valentina Girelli, Sophie Marbach, Nancy Rahbany, Grégoire Petit, Ovidiu Ersen, Juan J. Giner y Ali Abou-Hassan. La idea es comprender cómo funcionan estas partículas y controlar su funcionamiento durante terapias médicas que usen calor, como las que se están estudiando contra el cáncer.