MADRID, 21 Jun. (EUROPA PRESS)
La pesadilla en la que vive inmerso Constantino Briones desde que el pasado 30 de abril de 2000 propinó un puñetazo a otro hombre en un bar de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) se hizo realidad cuando hace quince días recibió la orden de ingreso en prisión para cumplir la condena de tres años que se le ha impuesto por este caso.
Desde entonces, Constantino y su familia llevan muchas noches sin dormir porque no pueden creer que por un puñetazo, un hombre "trabajador, padre de familia y sin antecedentes" pueda tener que ingresar en la misma prisión que se ve desde el balcón de su casa.
"Me van a jorobar la vida a mí y a mis hijos. Yo me voy a volver loco, pero mi mujer y mis hijos, ¿qué imagen van a tener de la justicia? Si tengo que ir a la cárcel, yo pierdo mi negocio, sería la destrucción de una familia", se lamenta Constantino.
UN PUÑETAZO EN UN BAR, DOS DIENTES ROTOS Y TRES AÑOS DE CONDENA
El pasado 30 de abril de 2000, Constantino fue con su mujer y el menor de sus tres hijos a tomarse algo al bar de unos amigos. Cuando llegó ya reparó en que en la barra se encontraba Trinidad, un vecino con el que Constantino ya había tenido un encontronazo en el pasado.
Aunque Constantino intentaba no prestarle atención, se daba cuenta de que el sujeto no le quitaba los ojos de encima ni a él ni a su hijo, que andaba jugando por allí. Entonces llegó el momento de ir a pagar las consumiciones: Constantino se acercó a la barra, y Trinidad le hizo un gesto amenazante, y le insultó. Él perdió los nervios y le asestó un puñetazo en la cara que le dejó tendido en el suelo.
Al ver lo sucedido, las personas que se encontraban en el establecimiento se acercaron a socorrer al agredido y le recomendaron a Constantino que se marchase a casa con su mujer y su hijo. Y eso hizo, pero al día siguiente, recibió una llamada de la policía para que se acercase a comisaría a explicar lo sucedido, puesto que Trinidad había tenido que ser atendido en el hospital, porque el golpe le había hecho perder dos dientes y había interpuesto una denuncia.
Pocos meses después, se celebró el juicio en el que Constantino fue condenado a dos años por un delito de lesiones, y a una multa para pagar al agredido la reparación dental. Sin embargo, la fiscal del caso decidió recurrir ante el Supremo la sentencia y pedir el incremento de la pena en un año más, hasta un total de tres, que le fue admitido, de tal manera que la cárcel resultase ineludible para el acusado a pesar de carecer de antecedentes penales.
Constantino ha llegado a sospechar que la fiscal, cuando pidió el aumento de la pena, lo hizo creyendo que el agredido había sido una mujer y no un varón, llevada a confusión por el nombre de la víctima, Trinidad, porque de otro modo, no se explica su actitud.
No obstante, el Tribunal Supremo reconocía en su dictamen que la pena impuesta era un tanto excesiva, por lo que recomendaba al acusado la petición de un indulto. Y eso fue lo que hizo Constantino, pero la "mala suerte" le jugó otra mala pasada. Su indulto llegó al primer Consejo de Ministros de la nueva etapa socialista, y dadas las complicadas circunstancias políticas de aquellos momentos, le fue devuelto.
EL APOYO DE TODO UN PUEBLO
Desde el momento en que Constantino recibió la orden de ingreso en prisión, su reacción ha sido la de movilizarse e intentar hacer todo lo que esté a su alcance para evitarlo. Por suerte, ha encontrado el apoyo de todos sus vecinos de Alcázar de San Juan y de otras localidades en las que es muy conocido debido a su trabajo como instalador de máquinas recreativas.
Hasta el agredido ha declarado públicamente que no desea que Constantino ingrese en prisión por lo sucedido. Por su parte, Constantino ha puesto en marcha una iniciativa para recoger firmas de apoyo, y el Ayuntamiento en pleno ha solicitado la revisión del indulto.
El acusado reconoce en todo momento que le propinó un puñetazo al otro hombre, y que quiere pagar por ello, pero le parece excesiva una pena de cárcel. Y advierte que lo que le ha pasado a él, que es "una persona normal", puede pasarle a cualquiera el día de mañana. Además, añadió que él sólo utilizó su puño para agredir, mientras otros echan mano de bates, navajas y hasta pistolas.
Sin embargo, ahora su única posibilidad para no ir a la cárcel es que el ministro de Justicia, el presidente del Gobierno o el mismísimo Rey intercedan por él y le ayuden a evitar la prisión. "Sólo ellos pueden sacarme de esta pesadilla a mí y a mi familia y subsanar el error que yo creo que se ha podido cometer", señaló.