Publicado 11/07/2020 7:00:34 +02:00CET

Vicente Del Bosque, el tranquilo gestor que lideró la entrada en la historia

Vicente del Bosque durante una rueda de prensa del Mundial de Sudáfrica
Vicente del Bosque durante una rueda de prensa del Mundial de Sudáfrica - GETTY - Archivo

MADRID, 11 Jul. (EUROPA PRESS) -

Vicente del Bosque fue el encargado de liderar desde el banquillo, con su conocida tranquilidad y su marcado afable carácter, a la selección española la conquista del histórico título mundialista en Sudáfrica hace ya diez años.

El veterano técnico, ligado al Real Madrid como jugador a finales de los 70 y principios de los 80, y como técnico en la época dorada del club a inicios del siglo XXI, fue el elegido para relevar al carismático Luis Aragonés, el cual se había ganado el cariño de todos los internacionales, para realizar una transición que fue más fructífera incluso de lo que se esperaba y que concluyó con un triplete inédito.

El salmantino no se escapó a la multitud de elogios y reconocimientos, entre ellos hasta el hecho de concedérsele el título de Marqués, pero al frente del combinado nacional, donde estuvo hasta la Eurocopa de 2016, mostró su conocida personalidad serena y el ser más amigo de calmar ánimos y nada esperpéntico, una receta que ya le había funcionado en su etapa al frente del Real Madrid, con el que ganó dos Ligas de Campeones (2000 y 2002), y donde supo tratar con un vestuario plagado de estrellas.

Su capacidad para aunar sentimientos de agrado en torno a su perfil y habilidad para manejar los entresijos de un vestuario como el del Real Madrid, apagando egos personales para situar por encima al equipo, ya llamaron la atención a la Federación y cuando alcanzó el cargo de director deportivo de la RFEF quien fue su capitán en el equipo blanco durante años, Fernando Hierro, los rumores se convirtieron en realidades.

Mediocentro con buen trato de balón, posición que seguramente le hizo llegar a decir que le hubiese "gustado" parecerse a Sergio Busquets cuando tuvo que defender al de Badia por las críticas tras la derrota ante Suiza, sólo había sido internacional en 18 ocasiones, y tras su retirada también había esquivado los banquillos y había preferido trabajar con las categorías inferiores del Real Madrid, puesto del que salió únicamente como 'apagafuegos' como en 1994 tras la marcha de Benito Floro, en 1996 tras la de Jorge Valdano o la definitiva en 1999-2000, como sustituto de John Benjamin Toshack.

A partir de ahí, ganó la 'Octava' y vivió tres años de éxitos, con la 'Novena' (2002), dos Ligas (2001 y 2003), una Intercontinental (2002), una Supercopa de Europa (2002) y otra de España (2001), antes de romper su idilio con el club de su vida tras ganar el título liguero en 2003, porque se le consideraba anticuado para la dimensión que quería alcanzar la entidad.

TRANSICIÓN TRANQUILA.

Posteriormente, salvo un breve paso por Turquía, estuvo lejos de la actividad profesional, pero siempre en la mente de la RFEF, que le dio finalmente la misión de afrontar una transición de la etapa de Luis Aragonés, que realizó de forma tranquila y sin aspavientos, ejerciendo más de profesor y gestor.

De este modo, siguió confiando en la gran parte del bloque que fue campeón de Europa, introdujo pequeñas modificaciones en el juego del equipo, donde el balón y la posesión continuaron siendo las principales premisas, y, sobre todo, no cerró la puerta a nadie, mirando mucho a las categorías inferiores, amparado en su experiencia en el Real Madrid.

Su habilidad volvió a quedar patente y no le tembló el pulso para la toma de decisiones, como la de dejar fuera del Mundial a uno de los jugadores más importantes del título de 2008, Marcos Senna, para dar cabida a Sergio Busquets y Javi Martínez, lo que siempre ha reconocido ha sido seguramente su decisión "más dolorosa". O la de dejar sin minutos a David Silva, otra pieza clave de la anterior época, durante el Mundial, o la de dar entrada a Pedro Rodríguez de forma sorpresiva en semifinales y final mundialistas en detrimento de Fernando Torress.

Tampoco le perturbó en demasía toda la polémica por los piques entre los internacionales del Real Madrid y el FC Barcelona por el carrusel de Clásicos de hace dos temporadas, zanjando rápidamente cualquier problema, sin esconder que existieron "roces", y recordando que la selección estaba por encima de todo y que es el campo donde debían "entenderse".