La vida del menor refugiado en España: noches a la intemperie, periplo por centros y estudios truncados

Menores extranjeros no acompañados en Melilla
POLICÍA LOCAL/EUROPA PRESS
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Publicado 15/12/2018 13:02:36CET

   MADRID, 15 Dic. (EUROPA PRESS) -

   Los menores refugiados que huyen de sus países se encuentran al llegar a España con una serie de "dificultades" que obstaculizan su acogida e integración, desde pasar noches a la intemperie para solicitar el asilo, hasta la interrupción de sus estudios, pasando por un periplo por centros para migrantes.

   Así lo ha asegurado la abogada de la Fundación la Merced Migraciones, Patricia Fernández, en el marco de la Jornada 'Infancia refugiada', que se celebró el pasado miércoles 12 de diciembre y que fue organizada por dicha Fundación, en colaboración con la Cátedra Santander de Derecho y Menores de la Universidad Pontificia Comillas.

   Fernández es la abogada de Nour, un joven sirio de 18 años que llegó a España en mayo de 2017 junto a su hermano pequeño. "Huimos de Siria porque si seguía allí al cumplir los 18, estaba el reclutamiento forzoso y el país está en una guerra, no es que vayas a hacer unos ejercicios militares como hacían antes sino que vas a matar o a morir", relata a Europa Press.

   Nour recuerda que una de las principales dificultades que se encontraron al llegar a España fue la "soledad", echaban de menos a su familia. Si bien, no tardaron en llegar más obstáculos como el periplo por los centros de menores migrantes: el centro de La Purísima de Melilla --donde la abogada asegura que existe "hacinamiento"-- (nueve meses), el Centro de Menores de Hortaleza (cuatro meses) y el Centro de Rivas Vaciamadrid (cuatro meses).

   Al cumplir la mayoría de edad, se quedó fuera de la protección y ha entrado en un proyecto de la Fundación Merced Migraciones. A corto plazo, quiere terminar el curso de Formación Profesional que ha iniciado para tener "una salida laboral", aunque reconoce que su "sueño" es ser arquitecto.

   "Era un sueño difícil pero era mi sueño cuando vivía en Siria", asegura este joven que no pierde la esperanza y se propone acceder a la Universidad cuando tenga un mayor conocimiento del castellano.

AUTOIDENTIFICARSE COMO REFUGIADO

   La abogada de este joven explica que el primer "hándicap" con el que se encuentra un niño migrado es "autoidentificarse como refugiado". "Vienen de lugares donde la violencia es endémica y los malos tratos sistémicos, por tanto, es difícil que se identifiquen como personas con sus derechos vulnerados y que conozcan la institución de la protección internacional", precisa.

   En todo caso, una vez que se reconocen como refugiados, llega el siguiente obstáculo: solicitar asilo. Esta situación la vivió en primera persona hace solo un mes Efraín, un joven de 16 años que huyó de El Salvador junto a sus padres y su hermana, para salvar la vida. A su inmediata llegada a España, sufrieron las largas colas a la intemperie para conseguir una cita para iniciar su proceso de asilo en la comisaría de Aluche.

   "Pasamos en cola tres días para obtener la cita, dormir ahí en el suelo fue muy duro con el frío, al que no estamos acostumbrados en El Salvador", explica Efraín a Europa Press. Para su abogada, las largas colas, las entrevistas realizadas por personas "no cualificadas en la perspectiva de infancia" y el procedimiento "proceloso" de aportar pruebas, lo convierten en un sistema "pensado para desincentivar" al refugiado a pedir protección.

LARGAS COLAS EN ALUCHE

   El caso de Efrain y su familia es un ejemplo de las "duras" condiciones que los migrantes debían soportar para iniciar el proceso de asilo ante la comisaría de Aluche, donde se ubica la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras y única manera de realizar el trámite en la Comunidad de Madrid.

   Varios colectivos y ONG denunciaron que la comisaría de Aluche atendía por esta causa a 99 personas al día, pese a la demanda existente. De hecho, el Defensor del Pueblo abrió una investigación de oficio ante las largas colas que los refugiados tenían que hacer para conseguir el documento que inicia la petición de asilo y les protege frente a la deportación. Muchos de ellos estaban recibiendo un resguardo que les citaba en el año 2020.

   Con el objetivo de acabar con "el atasco", se empezaron a adelantar las citas de todos los solicitantes de asilo a los que se había emplazado a acudir a la comisaría de Aluche en el año 2020 para formalizar la petición. Fuentes de Interior han precisado a Europa Press que la intención es que todos sean reubicados en 2019 y que actualmente se está atendiendo a 180 personas al día.

   Si bien, el proceso no finaliza en esta cita. Fernández añade que el tiempo desde que solicitan la protección internacional hasta que se les reconoce, puede prolongarse hasta dos ó tres años, "aunque la ley dice que los procedimientos de menores deben ser preferentes y durar de 3 a 6 meses". Esta situación de "provisionalidad" provoca en los niños un "desgaste psicológico" pues "no pueden programar su vida" ya que "en su cabeza siempre existe la posibilidad de que les obliguen a retornar a su país de origen".

SU VIDA CABE "EN UNA MALETA"

   Una vez que se les reconoce un estatus jurídico legal para vivir en España, según precisa Fernández, comienza el proceso de "reconstrucción vital" pues la persona refugiada, incluso cuando viaja en familia, "es una persona que está sola, que lo ha perdido absolutamente todo, cuya vida cabe en una maleta".

   En el caso de Efraín y su familia, ya tienen ganado el idioma pero eso no les ha eximido de pasar muchas dificultades en las cuatro semanas que llevan viviendo en España. "Al principio teníamos un hostal, donde estuvimos una semana, pero luego tuvimos que hacer la cola y se nos agotó, y estuvimos en la calle un tiempo hasta que llegamos a la Iglesia de San Carlos Borromeo, fue un transcurso muy difícil", cuenta.

   En El Salvador, Efraín estaba estudiando y había terminado el último grado pero reconoce que aquí la escolarización está siendo "un poco difícil" porque está pendiente de asignación de un centro definitivo que puede estar ubicado en cualquier punto de la Península.

   "No estoy asistiendo a una escuela formalmente pero en la Iglesia me están dando unas clases un poco básicas de geografía e historia", indica. Aunque aún le falta cursar Bachillerato, Efraín ya sabe a qué se quiere dedicar: informático o ingeniero de sonido.

   "Me encanta, una de estas dos carreras me parecería muy bien. Vengo con ganas y me siento súper bien acá porque sé que puedo estudiar esto y hacer lo que a mí me gusta. Quiero empezar ya", subraya. A pesar de las dificultades, tal y como puntualiza la madre de Efraín, al menos aquí pueden tener "un mañana".

   Aunque las cifras oficiales de 2018 no están cerradas todavía, el abogado de Acnur, Francisco Ortiz, ha precisado que habrá unas 55.000 solicitudes de Protección Internacional y de éstas, solo "30" contabilizadas de niños y niñas sin acompañamiento familiar, una cifra "extremadamente baja" en comparación con la cifra total.