Mientras el mundo tiene sus ojos puestos en la crisis financiera europea y el rescate de la zona euro, no hay que olvidar que el sistema financiero no es lo único que puede salvar el G-20. Por primera vez, en junio, los ministros de agricultura del G-20 (hasta ahora principalmente de carácter financiero) habían apuntado frenar el aumento del precio de los alimentos y elaborar un plan de acción para garantizar la seguridad alimentaria de los más vulnerables.
Pero el G-20 fracasará si en este momento, con una crisis sin precedentes en el Cuerno de África, los líderes no toman las medidas necesarias a su alcance para asegurar que a ningún ser humano le falte alimento, en un momento en el que la producción agrícola es suficiente para alimentar a los 7.000 millones de personas en el mundo.
Si el G-20 se centra únicamente en el rescate del euro, fallarán las medidas en cuanto a la seguridad alimentaria mundial, que se plantean demasiado tímidas para hacer frente al desafío:
- El 'plan de acción' del G-20 pide más transparencia en los mercados agrícolas para reducir la volatilidad de los precios, pero todavía no existe una regulación clara a este respecto.
- Se ha hablado de la creación de un foro de respuesta inmediata en caso de que se produjeran nuevas crisis, pero hasta la fecha este foro no tiene ni mandato ni medios para actuar.
- Los países del G-20 recalcan la participación necesaria del sector privado en la agricultura y en la seguridad alimentaria mundial a través del apoyo a los proyectos. Pero, ¿cómo asegurarse de que estos proyectos estarán financiados con el objetivo de garantizar un acceso a una nutrición de calidad y cantidad suficiente para los más vulnerables?
- Por último, 18 miembros del G-20 firmaron la declaración de L'Aquila en 2009, donde se comprometieron a aportar 22.000 millones dólares para la seguridad alimentaria y la lucha contra la desnutrición. Un año antes de la fecha límite, sólo se ha entregado el 22 por ciento de esta cantidad.
Fracasará si no asegura el crecimiento mundial sobre una base fuerte y sólida. Pero esto es imposible sin la aplicación de políticas que garanticen la seguridad alimentaria. No se construye el crecimiento global con el estómago vacío. Por otra parte, la desnutrición no sólo se traduce en un drama humano: se mide en dólares. Afecta al desarrollo y al éxito profesional, es un flagelo económico para los países que puede llevar a pérdidas de hasta un 6 por ciento del PIB al año.
Desde FeedinG20, una coalición de ONG internacionales de la que forma parte Acción contra el Hambre, se proponen una serie de siete medidas a los líderes del G-20:
- Asegurar que las políticas agrícolas y de desarrollo garantizan el equilibrio nutricional de las poblaciones, no sólo el aumento cuantitativo de la producción agrícola.
- Cumplir las promesas de los compromisos financieros. Hasta ahora, sólo el 22%, de los cerca de 22 millones de dólares prometidos a tres años en la Cumbre del G8 en 2009 para la seguridad alimentaria, se ha hecho efectivo. Es prioritario reforzar la inversión en una agricultura sostenible y familiar.
- Tomar medidas inmediatas para controlar los precios de los alimentos. Actualmente, las técnicas agrícolas son cada vez más eficientes, pero los avances en la lucha contra el hambre se han reducido por el alza de los precios de los alimentos.
- Apoyar la implementación de reservas alimentarias
- Fortalecer los programas de protección social que apoyan a la población en tiempos de crisis
- Aumentar la capacidad de los más afectados para hacer frente al cambio climático. Fortalecer las iniciativas de los Estados contra el cambio climático y apoyar a los países en desarrollo a hacer frente a sus efectos.
- Apoyar totalmente al Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CFS, por sus siglas en inglés) de Naciones Unidas y promover un mandato ampliado para responder rápidamente y tomar las medidas apropiadas cuando los precios de los alimentos aumenten.
El mundo no puede permitirse el lujo de esperar a la próxima reunión del G20 para adoptar medidas enérgicas.
Olivier Longué es director general de Acción contra el Hambre.