"En la lucha contra el hambre ¿Quién renuncia primero?". Por Wyn Flante, experto en ayuda humanitaria de World Vision

Logo World Vision
WORLD VISION
Europa Press Sociedad
Actualizado: lunes, 23 julio 2012 20:28

Wyn Flante, especialista en emergencias y ayuda humanitaria de World Vision, hace una reflexión personal sobre la realidad que vivió en Etiopía en la hambruna del 85 y la situación actual de África. Wyn nos muestra con un ejemplo concreto por qué es fundamental ayudar ahora y en programas de desarrollo a mediano y largo plazo.

"Antsokia (Etiopía). Este nombre puede que no esté en la memoria de muchas personas, pero hizo historia en su momento. Antsokia fue una de las regiones epicentros de la hambruna en la que cientos de miles de personas murieron de Etiopía entre 1984 y 1985.

A una distancia de siete horas en coche de Addis Ababa (capital de Etiopía), Antsokia se encuentra al pie de una montaña y rodeada de valles. Entre 1984 y 1985 era una tierra seca como un hueso, en la que nada crecía.

Cuando visité Antsokia en 2008, me sorprendí de ver aldeas rodeadas de árboles con mangos, papayas y arbustos con granos de café. Los campos plantados de vegetales estaban esparcidos entre huertos y zonas preparadas para próximas plantaciones.*Pero las personas que conocí recordaban la hambruna, el tiempo en el que sólo había piedras y un suelo pelado como consecuencia de décadas de erosión y de falta de lluvias. Esa sequía acabó con la producción agrícola y en el momento más crítico de la hambruna, se llevaba cada día la vida de 15 a 20 personas.

En esos años, el personal World Vision llevó agua y comida para 68.000 personas y se quedó después de la hambruna para realizar proyectos de rehabilitación. En 1990 los programas a largo plazo de desarrollo estaban en marcha: un puente sobre el río, 13 kilómetros de carretera, sistemas de almacenamiento de agua, nuevos cultivos y formas de cultivar. Todo esto gracias a la colaboración entre las comunidades, los gobiernos locales y el personal de la organización.

Ahora, Antsokia es verde

Cuando llegué a Antsokia en marzo de 2008, los pozos y los sistemas de irrigación proveían de agua a 3.500 hectáreas de tierra y otras 1.000 hectáreas de tierra seca se habían recuperado.*Gracias a la diversidad de cultivos, resistentes a la sequía, una familia promedio podía tener comida almacenada para 11 meses. El 93% de los niños asistían al colegio y el porcentaje de niñas matriculadas superaba al de los niños,*el 75% de las familias tenía acceso a agua potable y el sistema de salud y de educación lo administraban los gobiernos con las comunidades.

Durante ese viaje conversé con las personas de la zona y supe que ya no vivían con miedo. Hablaban de la posibilidad que la falta de lluvia llevara a otra sequía, pero sabían que sus almacenes con alimentos los hacían menos vulnerable que antes. Y cuando sucedían pequeñas inundaciones, los árboles ayudaban a que esa agua rápidamente se filtrara en la tierra. Las zonas altas de la montaña aún necesitaban ser reforestada y suponía un riesgo, pero seguían trabajando para reducirlo.

En mis visitas a las comunidades, estas no pedían ayuda, sólo quería información de cómo trabajar en red con otras familias. Sabían que otras comunidades aún tenían mucho trabajo por hacer para resistir futuras sequías y estaban dispuestas a ayudarles.

Todo eran buenas noticias.*La experiencia de reducción de desastres en Antsokia se convirtió en un modelo de desarrollo que World Vision aplicó en otras zonas de Etiopía y la experiencia aprendida se difundió en otras zonas del mundo.

Debido al cambio climático, cientos de comunidades en el Sahel y en el Cuerno de África están enfrentando los problemas que una vez tuvo Antsokia. Por eso, la gente de Antsokia te dirá que el compromiso de World Vision de permanecer allí y ayudar a las comunidades locales puede hacer que la resilencia sea una realidad. De hecho, este es el reto al que nos enfrentamos ONG, donantes, gobernantes y todos aquellos que trabajamos con comunidades vulnerables.

De nuevo, sequía en África

Sí, de nuevo una sequía en África. Las organizaciones humanitarias hacen esfuerzos superiores por conseguir los fondos necesarios para alimentar a los niños porque en este momento se ha producido un sentimiento de "fatiga de la hambruna", una sensación de "ya hemos vivido esto antes".

La llamada fatiga del donante es una realidad. Cerrar los ojos, tomar el mando y cambiar el canal o salir a caminar; las formas de evitar el sentimiento de culpa son infinitas.

La fatiga de los que viven la sequía y la hambruna también es una realidad a la que no es fácil enfrentarse. Están cansados de estar hambrientos, porque el hambre permanece hasta que el cuerpo y el espíritu no tienen más que dar de sí. Estamos frente una 'batalla épica'. La fatiga de los donantes frente a la fatiga de los que padecen la hambruna. ¿Quién renunciará primero?".

Wynn Flaten*ha trabajado con World Vision desde 1999. Actualmente es el director de uno programa de Resilencia Frente a Emergencias que World Vision realiza en cooperación con CARE, Oxfam, Mercy Corps y Save the Children y cuyo objetivo es "mejorar la rapidez, calidad y efectividad para salvar vidas de las organizaciones humanitarias optimizando el bienestar y la protección de los derechos de las personas en situaciones de emergencia".

Contenido patrocinado