MADRID, 5 Oct. (EUROPA PRESS) -
El experto e investigador José Luis Alcázar, alerta en un articulo aparecido recientemente en la publicación 'Tierramerica' del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), de que la esperanza de vida de los más de 13.500 menores y adolescentes que trabajan en la minería artesanal no supera los 45 años, ya que se encuentran expuestos, no sólo a gases tóxicos, sino también a accidentes y explosiones.
Como ejemplo, Valentín Cordori, de 35 años. Desde los 15 trabaja en las minas estatales de estaño. Con 10 años afrontó la responsabilidad de un hogar ante la prematura muerte de su padre, también minero. Actualmente es albañil en la ciudad de Tarija (sur), con la salud muy deteriorada por la silicosis, una enfermedad que se produce por la exposición al polvo de sílice.
"Tenía ocho años cuando empecé a ayudar a mi padre enfermo trabajando en la superficie de la mina en Chorolque", explica a 'Tierramerica'. "Cuando murió, sus compañeros me permitieron comenzar a trabajar en los socavones como ayudante para cargar mineral, luego taladrando roca, preparando dinamita y explotándola".
"Comenzábamos de madrugada, mascábamos coca, fumamos cigarrillos y un poco de alcohol para conseguir el valor para entrar a la mina", recuerda. Actualmente no existen jornales estables para los trabajadores de las minas, ni seguridad social, y el Estado ya no es el propietario de éstas.
Según el Centro de Promoción Minera, representante en Bolivia de la ONG estadounidense CARE, más de 13.500 niños y adolescentes trabajan en la minería tradicional, en la extracción de estaño, plata y zinc, principalmente en los departamentos de Oruro y Potosí (suroeste), y en la explotación aurífera, en la zona subtropical de La Paz, la capital.
Según un informe de 2004 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la salud de los niños que se emplean en este sector es la más vulnerable.
Durante las horas de trabajo están expuestos a accidentes, ya que manipulan dinamita e inhalan gases tóxicos, polvo y partículas minerales. Pierden audición por el ruido de las explosiones, de las perforadoras y de otras máquinas, y deben permanecer muchas horas en posiciones incómodas. Además, corren riesgo de sufrir aplastamientos de pies o manos y lesiones en músculos, tendones y articulaciones.
"El contacto y la inhalación de sustancias tóxicas provocan afecciones orgánicas agudas y crónicas", señala este experto. La tuberculosis y la silicosis son las enfermedades mineras más frecuentes.
En la minería aurífera, el 'barranquilleo' (lavado de arena para encontrar oro), se realiza en un ambiente insalubre de ríos contaminados con mercurio, sulfuros, residuos minerales, aguas negras y basura, lo que les exponen así a afecciones de la piel y respiratorias, fiebre amarilla y reumatismo, además de intoxicación crónica y diarreas.
COMBATIR EL DRAMA
Bolivia cuenta en la actualidad con instrumentos jurídicos como el Código del Trabajo y el Código del Niño y Adolescente que establecen en 14 años la edad mínima para trabajar y prohíben la contratación de menores en trabajos peligrosos e insalubres como la minería. El país también ha firmado convenios internacionales en materia de prevención y erradicación del trabajo infantil.
Sin embargo, las entidades gubernamentales y no gubernamentales siguen intentando combatir el drama de los niños mineros con alternativas como el Proyecto de Eliminación Progresiva y Prevención del Trabajo Infantil Minero (PETIM), que fomenta la formación técnica, mediante talleres de carpintería, soldadura, costura y mecánica instalados en las escuelas a las que concurren los niños mineros.
En Potosí, cuyos yacimientos de plata fueron explotados desde la colonia española, cerca de un millar de niños viven de diferentes actividades mineras. Allí, la organización no gubernamental alemana Kindernothilfe (KNH) desarrolla un programa para incentivar a los menores a estudiar y mejorar sus condiciones laborales.
Unos 300 niños se benefician del programa sin abandonar el trabajo, porque "no creemos que el trabajo infantil en las minas se pueda erradicar, es una necesidad de los niños y de las familias para mejorar sus condiciones económicas, al no haber una alternativa laboral", explica Alberto Mosquera, director nacional de KNH.
La participación laboral de los niños es familiar o mediante trabajo remunerado en dinero o especies por un empleador. En el primer caso, 'suman brazos' a una familia que no cuenta con recursos para contratar trabajadores.
En el caso de las cooperativas los pagos en dinero o especie son de 40 pesos (unos tres euros) diarios por labores en el interior de las minas y de 10 pesos (menos de un euro) en la superficie. Además, los niños también son usados para el 'juqueo' (robo de mineral), que se realiza de noche en las minas.