El ex primer ministro de Hungría, Viktor Orbán - Europa Press/Contacto/Daniel Alfoldi
MADRID 13 Abr. (EUROPA PRESS) -
La histórica victoria del partido de Peter Magyar, Tisza, en las elecciones de este domingo en Hungría, ha puesto de manifiesto el descontento latente con el hasta ahora primer ministro, Viktor Orbán, quien ha cosechado una derrota sin paliativos basada en el descontento de los húngaros con una economía nacional de capa caída, a lo que se suma el escoramiento internacional hacia posiciones cercanas a Rusia, en contra de Europa.
Tras el histórico triunfo en las elecciones de este domingo por más de 14 puntos sobre el hegemónico Fidesz, Magyar ha prometido que abrirá una nueva era en el país con un acercamiento a la Unión Europea, dejando atrás un régimen que considera "mafioso", unas tesis que los húngaros han abrazado dejando de lado a un Orbán cada vez más escorado en su tendencia iliberal y próximo al presidente ruso, Vladimir Putin, y al mandatario estadounidense, Donald Trump, pero alejado de su propia ciudadanía.
"Hay una clave económica, la actitud beligerante de Orbán con respecto a la actual dirección de la Unión Europea impedía que llegaran con fluidez los fondos comunitarios", explica para Europa Press Moisés Ruiz, profesor de Comunicación y Liderazgo Político en la Universidad Europea.
Este experto pone de relevancia el impacto que ha tenido en última instancia el "estancamiento de la economía y el aumento de la inflación" en las elecciones húngaras. "El ciudadano húngaro estaba bastante insatisfecho con lo que estaba ocurriendo y ha culpado directamente a la actitud contraria de Orbán, que se ha situado de una manera muy beligerante, en contraposición con el actual 'establishment' europeo", argumenta.
La victoria de Tisza, con una mayoría cualificada de dos tercios, llega además en unas elecciones con una cifra récord de participación, del 79,01%. En la capital, Budapest, acudieron a las urnas un número incluso mayor de electores, el 82,19%.
"La participación ha sido histórica, había muchísimas ganas de algo y ese algo era un cambio", ha indicado el profesor universitario sobre la derrota inapelable de Orbán, que supone un revés a su agenda ultraconservadora y su política de alianzas. "Ha habido una participación muy elevada y esa participación ha dictaminado que no gustaba lo que estaba haciendo Orbán desde ningún punto de vista", ha argumentado.
A examen estaba también la cercanía y afinidad ideológica del primer ministro húngaro con Putin y Trump. "Esto ha irritado bastante a la población, que probablemente no está nada de acuerdo en lo que están haciendo estos dos líderes belicistas", asegura, en relación con las guerras de Rusia en Ucrania y Estados Unidos en Irán.
De nada ha servido que durante la campaña Estados Unidos desembarcara, literalmente, en Budapest. El apoyo del vicepresidente JD Vance en mítines y reuniones a solo unos días de las elecciones, en los que ha denunciado injerencias sin precedentes de parte de Bruselas, así como los mensajes de Trump en pleno proceso electoral han terminado de escorar una posición internacional que resultaba incómoda hasta para los propios húngaros.
Orbán, el más veterano de los líderes europeos --ocupaba el cargo desde 2010--, ha mantenido un pulso continuo con las autoridades comunitarias; en el seno de la UE, ha ralentizado y bloqueado numerosas decisiones, en particular la ayuda económica y militar a Ucrania.
Aunque están por ver los pasos que dé su sucesor, que ya ha prometido desmantelar el régimen de Orbán y trabajar sin bloqueos para lograr la llegada de fondos europeos, en Bruselas este resultado se percibe como una señal de alivio y de respaldo a la política seguida los últimos años en relación con la guerra en Ucrania. Ruíz vaticina que habrá "más unanimidad" con Magyar sentado en el Consejo Europeo después de señalar que Bruselas "se ha quitado una piedra en el zapato".
La propia presidenta comunitaria, Ursula von der Leyen, ha celebrado que Hungría "regrese" a la senda de la Unión Europea, pero le ha instado a "trabajar cuanto antes" para desencallar asuntos como la ayuda de 90.000 millones de euros a Ucrania que Orbán bloqueaba "y muchos otros" temas.
La deriva antidemocrática del Gobierno de Orbán y su acercamiento a Moscú han tensado las relaciones los últimos años, si bien los Estados miembros no han conseguido avanzar en el proceso del artículo 7 de los Tratados que habría permitido --de lograr unanimidad-- suspender el derecho a voto de Budapest.
Durante esta reciente campaña han salido a la luz informaciones que apuntan que incluso en el contexto de debates europeos los dirigentes húngaros mantenían informados en todo momento al Kremlin. Según el profesor de la Universidad Europea esto va a facilitar los propios debates en la UE, ya que los líderes "no van a tener al chivato que en cinco minutos le va a contar a Putin todo lo que está preparando Europa", en cuestiones como la ayuda a Ucrania, algo que considera que puede igualmente dañar las posiciones bélicas de Rusia contra el país vecino.
¿LA ULTRADERECHA TOCA TECHO EN EUROPA?
La derrota electoral de Orbán supone un revés a la alianza ultraderechista que encabeza Donald Trump y que en Europa contaba con el dirigente húngaro como punta de lanza. "Este resultado simboliza y va a ser el principio del estancamiento de las opciones ultraderechistas", resume el experto, que considera que esta debacle evidencia que estas opciones políticas han "tocado techo" después de años al alza.
"La población ya no está en ese orden ideológico y el primer síntoma ha sido Hungría; esto va a seguir, el resultado ha sido un 'no' rotundo al crecimiento de la ultraderecha en Europa", valora Moíses Ruíz, quien achaca precisamente a Trump y su actuación errática en Irán un retroceso de las posiciones ultraderechistas.