Archivo - Manifestación celebrada en Madrid contra el Gobierno de Cuba - ALEJANDRO MARTÍNEZ VÉLEZ / EUROPA PRESS / CONTACTO
MADRID, 11 Jul. (EUROPA PRESS) -
Las masivas protestas antigubernamentales en Cuba del 11 de julio de 2021 cumplen este sábado un lustro en un contexto de mayor recrudecimiento de la represión y cuando la isla atraviesa una situación límite con la presión redoblada de Estados Unidos que a las seis décadas de embargo aplica desde comienzos de año un bloqueo energético y que, sumado, vislumbra un escenario complicado para el cambio social en la isla.
En este tiempo, las autoridades de Cuba no ha reducido la represión sino que la ha perfeccionado, según denuncia Prisoners Defenders, que señala que la prisión política, la vigilancia digital, la persecución de organizaciones independientes y el uso de delitos ambiguos o extremadamente graves reflejan que La Habana está preparada para impedir o castigar cualquier nueva movilización ciudadana.
En lo que va de año, la ONG ha registrado 175 nuevos encarcelamientos de presos políticos de los cuales, al menos 114 casos están vinculados directamente al ejercicio de manifestación, asociación y libertad de expresión. Desde el estallido social en 2021, se estima que más de 1.960 personas han sido encarceladas mientras que se calcula que más de 2.100 personas se encuentran privadas de libertad por delitos políticos.
Hace cinco años las protestas sociales en varios puntos de la isla que denunciaban la escasez de alimentos y medicamentos en el contexto de la pandemia de coronavirus sorprendieron a las autoridades por la rapidez con la que se extendieron usando como vehículo las redes sociales, explica a Europa Press la investigadora para América Latina de CIDOB, Anna Ayuso, quien sostiene que las manifestaciones se propagaron "de manera muy transversal por todo el país".
Ayuso fija el origen de las protestas en la delicada situación que atravesó Cuba con el coronavirus, donde la falta de suministros básicos se sumó a una reducción del turismo y a la política de unificación monetaria, con el que desapareció el peso convertible que, como efecto inmediato, provocó una importante inflación.
"Todo eso generó un estado de situación de enfado que llevó al estallido. A partir de entonces no ha mejorado la situación", ha indicado, en un contexto geopolítico, el actual, más difícil para La Habana con la retirada del salvavidas económico de Venezuela y una China que mantiene un apoyo crítico a las autoridades de Miguel Díaz-Canel.
CARAS VISIBLES PRESOS O EN EL EXILIO
Las manifestaciones masivas de 2021 contaron con actores como el Movimiento San Isidro (MSI), un colectivo artístico y social formado por intelectuales que desde hace casi una década representa un polo de oposición interno al Partido Comunista de Cuba, en el poder desde la Revolución de 1959.
En todo caso, Ayuso explica que la mayoría de líderes que encabezaron esas protestas se encuentran ahora encarcelados o en el exilio. "La represión ha sido muy fuerte y los tienen muy vigilados. Aunque hay expresiones críticas, y hay medios críticos que circulan, un nuevo estallido es muy complicado", ha valorado, sobre el legado de las protestas.
Muestra de esta situación es el dramaturgo Yunior García, quien se convirtió en uno de los rostros más visibles pero pidió asilo a España ante la imposibilidad de volver a la isla, donde corría peligro de ser encarcelado tras estar detrás de convocatorias sociales contra el Gobierno de Díaz-Canel posteriores a las de julio de 2021.
"Todo esto lo han desmantelado desde el Gobierno a base de perseguirlos, encarcelarlos y luego enseñarles la puerta de salida hacia el exilio", ha argumentado la investigadora sobre la situación de Movimiento San Isidro cinco años después del estallido.
En frente, el exilio en Miami desde hace años trata de armarse en torno a figuras como Rosa María Payá pero carecen de predicamento en la propia isla. "Hay una resistencia dentro, que más bien busca un cambio desde dentro, y hay una oposición fuera que busca un cambio que venga de la caída del régimen", sostiene la experta del CIDOB. Como resultado, la falta de una posición unificada hace que Cuba carezca de una corriente crítica con el peso suficiente para cambiar la dinámica de La Habana con su propia población.
PRESIÓN REDOBLADA DE TRUMP
En este contexto, la Administración estadounidense desde la vuelta de Trump a la Casa Blanca ha puesto en su punto de mira a Cuba. La caída del régimen, abrir el sistema y tener unas nuevas autoridades alineadas con Washington es uno de los objetivos declarados de su secretario de Estado, Marco Rubio, con ascendencia cubana.
Para forzar este cambio en la isla, la Casa Blanca ha redoblado el bloqueo económico, en vigor desde 1962, con el embargo 'de facto' de combustible desde enero y una ofensiva en forma de sanciones contra altos cargos del régimen, así como la imputación en los tribunales estadounidenses del líder de la Revolución y expresidente Raúl Castro, por el derribo en 1996 de dos aviones civiles de la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate en aguas internacionales.
Como es habitual en el guion de Trump, las medidas de presión se combinan con diálogo y negociaciones. Así, las autoridades isleñas no esconden que mantienen conversaciones con representantes del Gobierno de Estados Unidos en aras de "buscar soluciones" a las "diferencias bilaterales" por la vía del "diálogo".
En este escenario ha emergido la figura de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y asesor político del Ejecutivo, como interlocutor con Washington. A ojos de la investigadora del CIDOB, este no representa una verdadera renovación del sistema, sino un relevo generacional dentro de las mismas élites.
Ayuso no considera que el nieto de Raúl Castro tenga el perfil necesario para generar un apoyo social amplio ni para liderar un cambio profundo y enmarca las negociaciones con la Casa Blanca en un intento de mantener el control de la isla a cambio de concesiones, sin ir más allá en la apertura del sistema. "Lo que buscan a través de las negociaciones es mantener el control del región a cambio de algunas concesiones económicas pero no políticas", indica, para resumir que una eventual nueva élite política no representa un cambio "más importante" en la isla.
"No solamente es Castro y su familia, sino que hay también un sector que son básicamente los militares que controlan el aparato económico", agrega.
De todos modos, a la vista del desgaste social y del descontento generalizado, algo que los cubanos ya no solo achacan al bloqueo económico, Ayuso considera que el propio régimen sabe que debe introducir cambios y moverse. "Son conscientes que no se pueden quedar como están".