Publicado 21/06/2020 10:24:34 +02:00CET

El riesgo de contagio de la amenaza yihadista en el Sahel hacia el golfo de Guinea, cada vez más real

Un militar con un fusil en la mano
Un militar con un fusil en la mano - 2006 GETTY IMAGES / SPENCER PLATT - Archivo

El ataque contra un puesto militar en el norte de Costa de Martil ha vuelto a poner el foco en el problema

MADRID, 21 Jun. (EUROPA PRESS) -

En la última década, la amenaza yihadista ha ido descendiendo desde el norte de África, con Argelia como principal punto de origen, hacia el sur, tomando primero como referencia el norte de Malí para desde ahí avanzar hacia la vecina Burkina Faso y el oeste de Níger. Ahora, el riesgo de que los milicianos sigan avanzando más hacia el sur, hacia los países del golfo de Guinea, es más evidente que nunca.

Desde hace tiempo, tanto los gobiernos de la región como los expertos han venido alertando de esta posibilidad y el ataque del pasado 11 de junio contra una base conjunta del Ejército y la Gendarmería de Costa de Marfil en Kafolo, en el norte del país y muy cerca de la frontera con Burkina Faso, ha sido una confirmación.

El ataque se saldó con una decena de soldados muertos pero lo más significativo fue que tuvo lugar apenas dos semanas después de que Costa de Marfil y Burkina Faso concluyeran una operación conjunta en la zona fronteriza que se saldó con al menos ocho terroristas muertos y una base yihadista destruida.

Ningún grupo de los que operan en el Sahel ha reivindicado la autoría del atentado, el primero que sufre Costa de Marfil desde el ocurrido en marzo de 2016, en la ciudad costera de Grand Bassam en el que murieron al menos 16 personas y que fue reinvidicado por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI). No obstante, el modus operandi fue el mismo que emplean tanto Al Qaeda como Estado Islámico: decenas de milicianos a bordo de vehículos y motos llegados desde varios frentes y que cogen por sorpresa al objetivo.

Lo ocurrido ha servido, sin duda, para volver a poner el foco en la amenaza, en un momento en que además las filiales de los dos grandes grupos terroristas, el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) y Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS), están inmersas en una guerra abierta en la frontera entre Malí y Burkina Faso, principalmente por el control del territorio y los recursos, y que les podría llevar a buscar nuevos lugares en los que refugiarse y actuar.

BURKINA FASO, PUERTA DE ENTRADA A LOS PAÍSES DEL GOLFO

La creciente implantación de los yihadistas en Burkina Faso es lo que más preocupa, ya que el país comparte frontera con cuatro de los países bañados por el golfo de Guinea: Benín, Costa de Marfil, Ghana y Togo. El país "podría servir como la puerta de entrada al golfo de Guinea" ya que los yihadistas en su territorio "estarían en una posición ideal para avanzar hacia el sur", advierte el International Crisis Group (ICG) en un reciente informe.

En él, asegura haber recibido informaciones de distintas fuentes de que milicianos armados de Burkina Faso se mueven de forma regular a lo largo de la frontera con Ghana y Togo, en su camino hacia 'zonas de descanso' en estos países". También el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI) señala en otro informe que "el norte de Benín ya está afectado por la penetración de los grupos yihadistas y algunos líderes de ISGS son localizados con frecuencia allí".

Según explica su autor, Mathieu Pellerin, esta región les sirve "tanto de zona de repliegue frente a la presión ejercida por las fuerzas de seguridad burkinesas, como de zona de tránsito hacia Nigeria y Níger, y de zona de desarrollo". En lo que se refiere al norte de Ghana, desde 2018 "es considerada como zona de aprovisionamiento logístico y repliegue para los yihadistas que operan en el este y el centro-este de Burkina Faso".

Por lo que se refiere a Togo, este experto destaca que fue el norte de este país donde se detuvo en mayo de 2019 a un destacado líder yihadista del este de Burkina Faso. A su vez, ICG recuerda que en febrero de 2019 fue asesinado muy cerca de la frontera burkinesa con Togo un religioso español y cuatro aduaneros.

El peligro aumentaría si, como advierte Crisis Group, en Burkina Faso se produjera una crisis política. El país celebra elecciones parlamentarias y presidenciales el 22 de noviembre, en las que su actual mandatario, Roch Marc Christian Kaboré, se espera que busque la reelección. Por ahora, a pesar de la pandemia de coronavirus, las autoridades no han hablado de un eventual aplazamiento, pero de producirse, podría generar malestar. Burkina Faso "no puede permitirse una nueva crisis política o periodo de transición como el que siguió a la marcha de Blaise Compaoré en 2014", alerta.

"Bajo la presión tanto de los yihadistas como de una crisis institucional, el Estado burkinés probablemente se desmoronaría, perdiendo su capacidad para evitar que los grupos islamistas se propaguen hacia el sur", previene el informe.

Sin duda, este sería un escenario ideal para los yihadistas, cuyas acciones continuadas han hecho que se multipliquen en el último año los desplazados en el país, hasta superar ya los 900.000, aumentando la presión tanto sobre el Estado --prácticamente ausente en las zonas en las que operan-- como sobre las ONG que tratan de cubrir las cada vez mayores necesidades humanitarias.

CONDICIONES ADECUADAS PARA LOS YIHADISTAS

Pero si Al Qaeda y Estado Islámico pueden ampliar su influencia hacia todos estos países es porque subyacen en ellos las condiciones que lo permiten y que son las que los yihadistas encontraron primero en el norte de Malí, luego en el centro y a continuación en Burkina Faso y Níger. "Las regiones del norte de estos países están compuestas por territorios muy heterogéneos en términos demográficos, políticos y económicos", resalta Crisis Group.

Aunque los países del golfo son "más ricos" que sus vecinos del Sahel, se enfrentan a las mismas "periferias subdesarrolladas alejadas de las sedes de poder, el desencanto popular con las autoridades estatales ausentes o brutales y las carencias en los servicios de seguridad e Inteligencia", resume el 'think-tank', que apunta también a una mayor presencia musulmana en el norte de estos países, aunque considera "demasiado simplista" hablar de "un norte musulmán y un sur cristiano".

Lo que sí que ha quedado constatado es que "la brecha entre estas zonas del norte y el Estado central se está ampliando, mientras la costa en el sur atrae el grueso de la inversión que contribuye al desarrollo económico y la modernización". Además, en estas zonas la población también se enfrenta a "dificultades en el acceso a recursos naturales, lo que ha llevado a enfrentamientos entre agricultores y pastores", añade el informe.

Tanto el sentimiento de abandono por parte del Estado central como las disputas entre agricultores y pastores han sido explotadas con éxito por los grupos yihadistas en el Sahel, que han sabido con ello ganar adeptos para su causa y en algunos casos han llegado a suplantar al Estado en las zonas bajo su control.

También Pellerin se refiere en su estudio sobre 'Las violencias armadas en el Sáhara' a las "importantes dificultades de integración" con que se encuentran los pastores, esencialmente peul o fulani, con los agricultores y a la "estigmatización" de la que es objeto esta comunidad.

Por ello, Crisis Group defiende que "hacen falta soluciones políticas urgentes" con el fin de evitar el riesgo de un conflicto armado en el norte de los países del golfo de Guinea y advierte a sus gobiernos de que "no deberían seguir vinculando el gasto público a la estrategia electoral de invertir principalmente en las zonas con más votantes o que apoyan al partido gobernante".

Y advierte de que una eventual inestabilidad política en estos países allanaría el camino a los yihadistas. Así, llama la atención sobre el hecho de que Costa de Marfil y Guinea tienen previstas presidenciales en otoño y que en caso de que estallaran disturbios "las fuerzas de seguridad podrían desplegarse en el sur (...) abriendo la vía para que los grupos yihadistas entraran" por el norte.

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