Una niña con una mascarilla juega en la calle - HOSPITAL MESA DEL CASTILLO
MURCIA, 7 Oct. (EUROPA PRESS) -
La doctora de la Unidad de Pediatría del Hospital Mesa del Castillo de Murcia, Dolores Pérez Abad, especialista en Puericultura y Pediatría, ha afirmado que los padres necesitan preocuparse por estar "emocionalmente estables" para que puedan fortalecer y acompañar a sus hijos a la hora de hacer frente al impacto psicológico del coronavirus.
En este sentido, Pérez Abad explica que los hijos "no se acercarán ni pedirán apoyo si ven a sus padres sobrecargados", porque "no quieren ser otra carga para ellos, aparte de no confiar en que sean entendidos y no criticados".
Pérez Abad ha sacado a relucir, a partir de varios estudios, cómo la pandemia por COVID-19 está afectando a niños, jóvenes y adolescentes. Así, destaca que algunas pautas para padres e hijos pueden ayudar a sobrellevar con cierta estabilidad la situación, y señala que es "importante establecer las estrategias necesarias en la familia para obtener el mayor equilibrio bio-psicosocial de la estructura familiar".
Ante la situación del confinamiento y las diversas preguntas planteadas, esta especialista considera necesario tener al menos un "esquema básico de abordaje a las mismas"; e insta a puntualizar que se trata de momentos "excepcionales" donde se pondrá a prueba la fortaleza mental de cada miembro de la familia, "un momento y una oportunidad única para el grupo familiar, pero debemos entender que cada persona lo gestionará de una manera distinta".
Para los padres, Pérez Abad señala que es un momento para ser "ejemplos de respeto, preocupación por los demás, espíritu de servicio, además de establecer rutinas en el hogar, establecer disciplinas y trasmitir optimismo y alegría".
"El amor, la confianza y el agradecimiento favorecen la formación y, son condiciones básicas de un ambiente auténticamente educativo, para sentir mayor seguridad y desarrollar personalidades más sanas", según esta especialista en Puericultura y Pediatría.
En estas circunstancias, considera que se hace imperativo en el grupo familiar "detectar las cualidades y oportunidades de cada miembro del grupo en sus aspectos biológicos, fisiológicos, sentimentales y socio-culturales". Así, ha recordado que la simpleza "tiene mucho que ver con la búsqueda de los elementos más naturales y puros en todas las cosas, situaciones y personas".
LOS PROBLEMAS DE SALUD MENTAL CRECEN DE FORMA SILENCIOSA
Cabe recordar que cerca de 860 millones de niños en todo el mundo, siete millones de niños menores de 15 años en España, salieron un día del colegio y a la mañana siguiente no pudieron regresar a la escuela, ni a jugar con sus amigos, ni a visitar a los abuelos, ni a correr al aire libre, según informaron fuentes del Hospital Mesa del Castillo.
"Mientras las cifras de contagios y muertes por coronavirus aumentaban con el paso de los días y semanas de confinamiento, los problemas de salud mental también crecían, pero de manera silenciosa", remarca la especialista.
En este sentido, Pérez Abad estima importante puntualizar que "nos encontramos enfrentando lo inédito, y, como sucede en cualquier tragedia, estamos a la defensiva porque necesitamos defendernos".
A este respecto, explica que "las fuerzas extrañas de algo que puede estar en todas partes y en ninguna parte al mismo tiempo, que excede nuestra capacidad de imaginar o comprender, y que puede existir dentro de uno mismo o del prójimo, pueden ser una fuente de violencia social y desconfianza".
De hecho, remarca que los acontecimientos catastróficos como el que estamos viviendo "están destinados a profundizar y ampliar las fallas, ya sean personales, sociales, económicas o comunitarias".
Pérez Abad recuerda que uno de los primeros estudios sobre el impacto psicológico del coronavirus se realizó en China, en 24 provincias con un total de 1.210 encuestados, de los cuales 344 eran jóvenes de 12-21 años.
Los resultados, añade, pueden resumirse en que el 53,8% de los encuestados consideraban el impacto psicológico del brote de moderado a severo; y el 16,5% señaló síntomas depresivos moderados a severos y un 28,8% síntomas de ansiedad moderada a severa. El principal miedo (75,2 % de los encuestados) era que algún familiar contrajera la enfermedad.
Otra encuesta realizada a 4.872 participantes en China advertía del peligro de la infodemia (sobreabundancia de información).
Asimismo, otro estudio realizado por la Universidad de Valencia, España, en 2020, revela que la sintomatología en adolescentes y adultos jóvenes según la escala de depresión, ansiedad y stress del DASS 21, el 79,4% de los adolescentes y el 76,5% de los jóvenes, presentan síntomas de stress.
Asimismo, el 91,2% de los adolescentes y el 88,1% de los jóvenes, tienen sintomatología depresiva y 88.6% de los adolescentes y 90,2% de los jóvenes, síntomas de stress.
Las alteraciones en los estados de ánimo, según Pérez Abad, tienen una correlación preocupante en el incremento del consumo de sustancias (alcohol, tabaco y otras) desde el confinamiento. El 73,5% de los adolescentes y el 52,45% de los jóvenes dicen consumir más o mucho más que antes de la cuarentena.
Esta diferencia puede dar cuenta de que los jóvenes, pero en particular los adolescentes, cuentan con menos habilidades para regular sus emociones y optan por el uso de sustancias nocivas que los ayudan a evitar sentir situaciones incómodas y a evadir la realidad frustrante.
Otras consecuencias del confinamiento en adolescentes (14-18 años) rebelan que el 80,2% dicen tener dificultades para concentrarse; 79,2% presentan más episodios de insomnio y el 47% reportan que están comiendo en mayor cantidad.
Sobre el uso de la tecnología, el 81,6% reconoce pasar más tiempo que antes en redes sociales y el 87,3% utiliza más que antes los dispositivos electrónicos como el smartphone, tablet o el ordenador. Por su parte 58,2% dice que se está ejercitando menos, según esta especialista.
Los investigadores concluyen que si no existen políticas de salud "es altamente probable que se vea agravada su situación emocional y aumenten los cuadros clínicos, y por ende, también los riesgos de suicidio".
En este sentido, Pérez Abad señala que es lógico pensar que hay niños o adolescentes más vulnerables de padecer trastornos emocionales como son los niños en riesgo de pobreza y exclusión, los niños con tasa de abandono educativo temprano; los niños víctimas de violencia; los niños con discapacidad; los niños solicitantes de asilo y refugiados.