MADRID 4 Nov. (OTR/PRESS) -
Creo que ya se ha dicho todo sobre las elecciones catalanas pero no he visto más que algún comentario de pasada sobre un dato que a mí me parece revelador: esos sesenta mil votos en blanco que se introducían en las urnas a lo largo de toda la jornada electoral. En 2003, fueron la mitad y antes creo que rondaban los ocho mil. Sesenta mil votos en blanco, son muchos votos, muchas voluntades, mucho esfuerzo para repetir el famoso "no es esto, no es esto" y dejarlo claramente expresad en una papeleta.
Sobre la abstención se pueden hacer todos los análisis del mundo y cada cual arrimara el hacia a su sardina: pasotas descontentos, escépticos, vagos, castigadores pero el voto en blanco de un ciudadano es un ejercicio de conciencia activo, una toma de postura clara, esforzada y tal vez dolorida frente a la perversión de un sistema que cada día se aleja mas de la gente.
Sesenta mil votos en blanco son tantos votos que seguramente hubieran tenido representación parlamentaria, no lo sé, porque nuestra ley electoral es complicada, pero estoy casi seguro de que si.
Y eso no ha hecho más que empezar: o cambian los partidos o la sociedad les va a dar a espalda. ¿En qué clase de caos vive ahora un votante andaluz del PP? Si nunca fue posible ni serio defender una cosa y su contraria, mucho más triste resulta atacar una cosa en un sitio y defenderla o justificarla en otro. Y esto, lo admita o no el PP, es lo que han hecho con sus particulares visiones del termino "nación". Si yo fuera votante del PP y andaluz, votaría también en blanco.
La forma de hacer política en España en estos últimos años empieza a estar muy cerca de esa frontera sutil que separa lo útil de lo despreciable y sólo hay un culpable: el partido, los partidos, esas formidables máquinas que nacieron desde la sociedad para transformarla y han degenerado en monstruos ajenos a la ciudadanía y con el único propósito de tocar poder, de perpetuarse en el poder, de mantener en pie el entramado de intereses que representan -tantas veces inconfesables-.
Es urgente recapacitar y volver al debate de las ideas, a la conquista de la utopía, a la preocupación por la justicia sin perderse en batallas que ni conducen a ningún sitio, ni interesan lo más mínimo a la inmensa mayoría de los ciudadanos. El triunfo de en Cataluña de "Ciudadanos" es una muestra de lo que puede ocurrir pero sólo comprensible desde el hartazgo de la sociedad de un sistema, ensimismado con su propia supervivencia, ha degenerado en un autismo que los aísla y separa de los únicos que lo justifican: los electores.
Andrés Aberasturi.