MADRID 24 Nov. (OTR/PRESS) -
Que no hay química entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, es algo que todos los que se dedican a la cosa pública intuían, pero de lo que ahora tienen certeza absoluta gracias a la magnifica biografía que, sobre la presidenta de la Comunidad de Madrid, ha escrito la periodista Virginia Drake. Y no la hay por muchas razones, la primera y principal porque ambos tienen en mente llegar a la presidencia del partido y del Gobierno, si Mariano Rajoy no consiguiera ganar las próximas elecciones generales. Una situación que no descarta ninguno de los dos y que de producirse abriría una crisis de consecuencias incalculables en el PP, pues son muchos los nuevos aspirantes, además de los dos en discordia, que sueñan con desbancar a la vieja guardia para posicionarse de cara a un futuro. Ni más ni menos que lo que hicieron los actuales barones del partido cuando Fraga borró de un plumazo a los franquistas nombrando como sucesor a José María Aznar, quién a su vez se rodeó de políticos de la talla de un Rodrigo Rato, Mayor Oreja, Javier Arenas, Federico Trillo, Loyola de Palacios, etc., etc.
De manera que se equivocan los que piensan que Esperanza debería haber esperado un poco más de tiempo antes de decir tan a las claras lo que piensa de un personaje del que está muy alejada en lo político -la una presume de ser neoliberal y el otro progresista-, y en lo personal. En lo político porque la presidenta rechaza de plano que el alcalde sea más progre que ella, y para argumentarlo le recuerda su pasado cuando estaba en las filas de Alianza Popular. Y en lo personal porque ella ha tenido que esforzarse para llegar donde está, asumir sus propias equivocaciones, sus propias carencias políticas e intelectuales, mientras que él siempre se ha creído el más listo de su clase.
Lo que demuestra que es una mujer que consigue lo que se propone, luchando con todas las armas que la sociedad actual, ha puesto a su alcance que no da puntada sin hilo. Prueba de ello es cómo ha ido ganando terreno a aquellos que más sombra podían hacerle, entre otros al alcalde de Madrid, que en estos momentos sólo cuenta con el apoyo incondicional de Rajoy. ¿Y por qué de Rajoy y no del resto de los barones? Porque el que más y el que menos está a la espera de lo que ocurra cuando se sepa el resultado de las próxima elecciones generales.
Nadie se atrevería a negar a Gallardón su valía, ni siquiera Esperanza Aguirre, pero éste debería saber que no hay enemigo pequeño, y que en política no sólo vale con ser inteligente, hay que demostrar que eres listo y capaz de atraer a tu terreno a tus más feroces enemigos. Algo que no ha sabido hacer Gallardón y que sí está haciendo Esperanza, no con mano izquierda pero si con guante de hierro. ¿El resultado? Qué se tienten los machos todos aquellos que vean en ella a una mujer florero porque hace mucho tiempo que dejó de serlo.
Rosa Villacastín.