Actualizado 02/02/2008 01:00

Andrés Aberasturi.- Tres sentencias y una nota episcopal.

MADRID 2 Feb. (OTR/PRESS) -

Por riguroso orden cronológico habría que empezar por la decisión de la Audiencia de Madrid sobre lo ocurrido en el Severo Ochoa y las sedaciones que se practicaban -o no- en su servicio de urgencias. Al final, y pese a los brindis y las declaraciones de no pocos lideres del PSOE, lo único que queda claro para el ciudadano es que el Tribunal no puede relacionar la sedación con la muerte de los pacientes y por tanto no entra en materia y elimina, como es lógico, cualquier referencia a la mala praxis médica. Bien.

Pero como estamos en campaña, resulta que es el Gobierno de la Comunidad quien debe pedir perdón a los trabajadores del Severo Ochoa, cosa bastante absurda por dos motivos: solo unos poco trabajadores del hospital habían sido el objeto de la investigación y el Gobierno de Madrid se limitó a hacer lo en todo caso hubiera sido exigible ante una situación así, que es abrir el lógico expediente. Si alguien debe pedir perdón sería, en todo caso, el Colegio de Médicos sobre el que recae la mayor responsabilidad. Fue ese Colegio quien definió como mala praxis médica lo que se hizo en algunos casos y es la Audiencia de Madrid la que decide que tal cosa no está demostrada, aunque tampoco su contraria.

La segunda decisión polémica es la del Constitucional admitiendo lo que hemos dado en llamar "discriminación positiva" en el caso de las listas electorales paritarias: igual número de mujeres que de hombres por ley, por obligación, por decreto. Aunque a la hora de escribir esta columna aun no se ha hecho publica la explicación de la decisión del Tribunal, el asunto tiene mucha tela que cortar. Obviamente discrepo radicalmente de la Ley y de la sentencia entre otras cosas porque respeto a la mujer y porque creo en la igualdad. Tanto la Ley en su momento como el respaldo del Constitucional ahora, me parece que caen justo en el pecado que intentan combatir: son sexistas. Hay dos conceptos que, por mucho que se usen y suenen bien, son del todo incompatibles: discriminación y positivo. Jamás de los jamases, lo diga quien lo diga, la discriminación, cualquiera que sea, puede resultar positiva. Y no pocas mujeres de las llamadas progresistas están de acuerdo con esto.

La tercera sentencia está por llegar y se refiere a la ilegalización urgente, apresurada y, lo que es mucho peor, anunciada como cierta por quien no debe inmiscuirse en el asunto de ANV y PCTV. La decisión la debe tomar el Tribunal Supremo y resulta contradictorio con el funcionamiento del sistema democrático y la famosa independencia de los poderes, que nada menos que una vicepresidenta del Gobierno y un ministro de Justicia, den ya por hecho "al cien por cien" tal ilegalización. No se trata de analizar aquí los antecedentes y porque ahora si y en la municipales no. Sólo dejar constancia que de ese "adelanto", incómodo para el TS y éticamente impropio, del Ejecutivo en una decisión que solo es del Judicial.

Y por último la nota episcopal sobre a quien no debe votar un buen cristiano. Qué difícil debería ser para los obispos -y no lo es- decir semejantes cosas y utilizar su poder, el del Iglesia jerarquizada, para tratar de influir en el electorado contra el PSOE y a favor del PP. Qué flaco favor le hacen al partido de Rajoy y qué vergüenza para todos, creyentes o no. Por cierto, un día después de hacerse pública la nota de los obispos, 27 acusados de terrorismo cercano a las Gestoras Pro Amnistía quieren que declare Monseñor Setién para que cuente las entrevistas que mantuvo con la plataforma ilegal. Una cosa es la caridad cristiana y otra la actividad política. Los obispos, aquejados de una cierta amnesia, quieren estar en las dos y así les va.

Andrés Aberasturi

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