Publicado 16/09/2025 08:01

Antonio Casado.- El dilema de Sánchez

MADRID 16 Sep. (OTR/PRESS) -

Dos preguntas sin resolver. La primera, sobre el dilema del presidente del Gobierno: ¿Estaba con los manifestantes o con los policías que acudieron a poner orden? La segunda es si hacía falta destripar un acontecimiento deportivo para decirle al mundo que los españoles condenamos la desproporcionada respuesta del Gobierno israelí al salvaje atentado del brazo terrorista de Hamas el 7 de octubre de 2023.

Al terror con el terror, por encima del derecho internacional y el respeto a los derechos humanos. Es la llamada ley del talión. El apagón de la razón para regresar a la ley de la selva. Pero eso no es propio de países civilizados, que tienen perfectamente reguladas unas leyes de la guerra que el Ejército israelí se está pasando por el arco del triunfo ante la mirada indolente -al menos hasta ahora- de la Unión Europea, la ONU y, en general, la comunidad internacional.

Quede claro, pues, mi alineamiento con el sentir de los manifestantes, el que clama contra el genocidio de Gaza, el uso del hambre como arma de guerra y la salvaje respuesta a los atentados del 7 de octubre. Lo que no comparto es el modo de expresar ese clamor. Había, hay, mil formas de hacerlo en el legítimo derecho de manifestación, sin poner en peligro la integridad física de los antidisturbios (22 agentes heridos) y la de los ciclistas participantes en la Vuelta a España. Y sin impedir su normal desarrollo, como se impidió por parte de los manifestantes, que bloquearon varios tramos del recorrido y provocaron cargas policiales el domingo pasado en la capital de España.

Me inspira el sentido común, muy alejado de los razonamientos que deben haber hecho los teólogos de la Moncloa cuando, por boca del presidente del Gobierno, han aplaudido con las orejas los excesos de los manifestantes que, además, echó leña al fuego del enfrentamiento que se avecinaba entre manifestantes y fuerzas del orden. Peor, todavía: una vez perpetrado ese choque en las calles de Madrid, Sánchez se mostró "orgulloso" de la reacción ciudadana contra la política de tierra quemada de Israel, sin darle la menor importancia a los disturbios del domingo.

Por eso, volviendo al principio del artículo, a la vista de lo ocurrido, cabe preguntarse si Sánchez estaba más de parte de los manifestantes o de parte de los policías. O sea, más con la violencia de los manifestantes (los que la ejercieron, que no fueron todos) que con la de los policías obligados a ejercerla respondiendo al lanzamiento de botellas y vallas de protección contra los agentes.

Hacerse honestamente esa simple pregunta, ¿Sánchez iba con los manifestantes o con los policías?, ya nos pone en la pista del despropósito permanente que, de un tiempo a esta parte, se ha instalado en la vida política nacional.

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