Publicado 30/10/2026 08:01

Charo Zarzalejos.- Cuestión de dignidad

MADRID 30 Oct. (OTR/PRESS) -

Es cuestión de dignidad política que el ministro de Transportes, Óscar Puente, presente su dimisión. Ya está tardando. Su dimisión no devuelve la vida a los más de cien muertos que en nueve meses se han producido en las vías de los trenes que unen Madrid con Sevilla y otras ciudades andaluzas. No les devuelve la vida, pero su permanencia al frente del ministerio hace imposible recuperar la confianza en lo que hasta ahora ha sido motivo de orgullo nacional e internacional como es el tren de alta velocidad.

Han pasado nueve meses desde el accidente de Adamuz y a día de hoy todavía no existe un informe oficial y definitivo de las causas del mismo. En el caso del accidente de Urda apenas pasaron unas horas para que se conocieran, no en su totalidad, las conversaciones mantenidas desde el centro de control de Atocha con el maquinista del AVE. La filtración de tales conversaciones, que tendrán que ser examinadas judicialmente, no ha tenido más objetivo que el intento de sacudirse cualquier responsabilidad. Son los expertos los que aseguran que el posible fallo humano en ningún caso explica la atrocidad de lo ocurrido y, aun cuando lo fuera, el responsable político de tanto fallo acumulado (primero Adamuz y ahora Urda) con consecuencias inenarrables es el ministro de Transportes.

Nadie está libre de una desgracia, pero cuando estas ocurren de manera recurrente es que algo muy serio está fallando. Pero es marca de la casa del actual Gobierno que ocurra lo que ocurra, para ellos todo pasa como la luz por el cristal. Nunca son responsables de nada y a vivir, que son dos días.

España está triste y atónita. Triste porque mientras se escriben estas líneas continúan los trabajos encomiables de buscar entre los amasijos de los trenes afectados a posibles víctimas mortales; y atónita porque resulta de muy difícil explicación que aquello que era casi imposible que volviera a ocurrir, ha ocurrido. ¿Qué más tiene que acontecer para que el ministro de Transportes dimita? En ningún país de Europa seguiría al frente del ministerio, pero está claro que España es diferente. Mejor dicho, este Gobierno es diferente. Tan diferente que no tiene pudor a la hora de filtrar conversaciones, no tanto para un eventual conocimiento de la verdad como por un indisimulado empeño de quitarse de encima la responsabilidad política. No hay conversación, no hay fallo humano que haga comprensible que el ministro no dimita. Que dimita y que venga otro que inspire confianza, que no juegue a tuitear, siempre en tono chabacano, sobre todo lo que se mueve. Que dimita y venga otro con experiencia en la materia, con seriedad en su comportamiento y con el suficiente aprecio a sí mismo para calibrar con humildad y seriedad su forma de estar en política.

Los muertos nos miran en silencio y nosotros, los vivos, debemos recordarles con tanta tristeza como respeto; por ello, y ahora que estamos en campaña, lo menos que podemos hacer por ellos -nosotros y nuestros responsables políticos- es no jugar con su memoria. Y si Puente no dimite, allá él y el Gobierno que le ampara.

Contador

Contenido patrocinado