Publicado 04/04/2026 08:00

Fermín Bocos.- El "Guernica", que siga donde está

MADRID 3 Abr (OTR/PRESS)

El arte tantas veces al servicio de la política sigue siendo mercancía que se presta al trueque. Con más motivo cuando se trata de obras ungidas por la genialidad. Ahora le toca al "Guernica". El colosal cuadro de Pablo Picasso que perpetúa la imagen del horror de la guerra evocando el criminal bombardeo sobre la desguarnecida localidad vizcaína por aviones de la Legión Cóndor, una unidad de la Alemania nazi integrada en el Ejército Nacional durante la última Guerra Civil española.

La obra fue un encargo del Gobierno de la República y como tal, tras su recuperación -el cuadro estuvo años "exiliado"- está felizmente instalado en el Museo Reina Sofía de Madrid.

Viene la obra de ser noticia por haber sido reclamada por el "lehendakari" vasco Imanol Pradales en el transcurso de una reciente visita a La Moncloa. Allí, tras un encuentro con el presidente del Gobierno, anunció que le había pedido a Pedro Sánchez que permitiera el traslado temporal del cuadro al País Vasco como un "gesto de memoria histórica y reparación simbólica". Desde el Ministerio de Cultura hicieron saber que desaconsejaban el traslado por razones de conservación y dada la fragilidad del lienzo. Una decisión razonable. El cuadro puede ser contemplado visitando el citado museo al igual que se puede ver y admirar la Dama de Elche en el también capitalino Museo Arqueológico Nacional de dónde no saldrá pese a las reiteradas peticiones en este caso del Ayuntamiento de la ciudad alicantina. Denegadas también en su día con argumentos similares. Y es, ya digo, razonable dada la fragilidad de estas obras de arte.

La cesión por parte de los museos de cuadros o esculturas con destino a exposiciones temporales en otras lugares diferentes es una práctica frecuente y reglada mediante la contratación de un seguro que, frente a eventuales deterioros -o robos-, garantizaría una compensación económica, pero nada más. Salvaguardar la integridad del cuadro es un reto que se consigue habitualmente, pero los traslados no están exentos de riesgos de variada naturaleza. Como sucede con los murales del monasterio aragonés de Sijena retenidos de manera ilegal en Cataluña. Tratándose de peticiones procedentes del universo nacionalista es inevitable estar con la mosca detrás de la oreja. Bien esta, pues, que el "Guernica" siga donde está.

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