Publicado 01/04/2026 08:01

Fernando Jáuregui.- Esto NO se hace con la gorra, señor presidente

MADRID 1 Abr. (OTR/PRESS) -

Una de las cosas que, reconozcámoslo, le pierden a Sánchez es la chulería un poco callejera, usted me entiende. Chulería callejera, y torera, es aparecer luciendo en la cabeza una gorra similar a esas, espantosas, que se pone Trump con el lema 'make America Great Again'. Pero, en el caso sanchista, y para que nadie se confunda, cambiando el lema por otro un poco irónico -se ha interpretado en Washington, conste-, 'Make Science Great Again', 'hagamos la ciencia grande de nuevo', como afeándole al hombre más poderoso del mundo que él, de científico, nada.

La verdad, no está la cosa para ironías, como tampoco estaba cuando, en el desfile de la Fiesta Nacional el 12 de octubre de 2003, Zapatero no se levantó al pase de la bandera norteamericana, y recuerde usted la que se armó. Los Estados Unidos son un país con un sentido del humor muy escaso, especialmente cuando les hablan de su bandera y del respeto que merece su país, y, ya que estamos, no parece que Trump sea precisamente una excepción jacarandosa.

He leído análisis de gente que de esto sabe mucho mas que yo aseverando que buena parte de los 77 millones de votos sobre los que se asienta el 'trumpismo' se deben, precisamente, a que esa población asocia a su presidente con los valores-americanos-de-toda-la-vida y con el deseo de hacer 'grande' de nuevo al país, un viejo sueño imperial.

Yo no lo hubiera hecho, presidente, por muchas ganas que tenga usted de meterle un dedo en el ojo al habitante de la Casa Blanca. Que sí, que yo creo que eso de enfrentarse, como en un duelo de 'saloon', a un tipo como Trump tiene una cierta recompensa en las urnas españolas, donde siempre ha latido, y ahora ni te digo, un cierto sentimiento anti-USA. Pero quizá tengamos que empezar a pensar en las consecuencias, y un tipo como Marco Rubio, el secretario de Estado norteamericano, ya nos ha lanzado una nueva invectiva, especifica para los españoles: la Administración Trump, decididamente, nos nos quiere, y viceversa, y eso tiene mal arreglo.

Pero una cosa es delinear una política exterior seria y coherente -y eso es el rechazo frontal a la guerra en Irán, que comparto, como una mayoría de españoles, dicen las encuestas- y otra es andar con chorradas algo infantiles. Y lo de la gorra es una provocación inútil, pelín hortera, que ni añade nada a la protesta ni va en el camino de cualquier acercamiento al siempre furibundo hombre naranja. Ni, desde luego, es una diplomacia seria, y hemos entrado en tiempos en los que la seriedad se impone ante tanta estupidez, tanta frivolidad.

'Esto se hace con la gorra', era, y es, una frase que indica que algo es muy fácilmente realizable. Ponerse una con lemas alusivos no puede ser más sencillo: pagar luego la franquicia al Amo de Todas las Gorras quizá sea después algo más complicado. Molestar al 'sheriff', que es quien tiene las pistolas, los misiles y los aranceles, entre otras cosas, tiene sus riesgos. Sobre todo, si lo de la gorra lo que hace es rematar una política desafiante con la utilización de las bases, con la posición en la OTAN, con el lenguaje diplomático.

Y, hablando de diplomáticos, o lo que sean, ¿alguien sabe algo del nuevo embajador norteamericano?

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