Publicado 10/03/2026 08:01

Fernando Jáuregui.- Pánico en todas partes... menos en Moncloa, dicen

MADRID 10 Mar. (OTR/PRESS) -

La verdad es que resulta casi aleccionador contemplar la tranquilidad, sin duda aparente, que muestra el rostro algo demacrado del presidente del Gobierno, impertérrito en los mítines castellano-leoneses a la hora de asegurar que piensa, como si todo fuese tan normal, agotar la Legislatura; qué tonterías son esas de especular con un adelanto, ironizan. Lo bueno es que nosotros le creemos, porque pensamos que el gato no ha agotado sus siete vidas y lo cierto es que su imagen, a lomos del '¡NO a la guerra!', se blanquea, repunta.

Sánchez y el círculo de hierro de sus ministros, de sus diputados, de su 'aparato regional', parecen ser los únicos que no están afectados por un pánico cierto que llega a las bolsas de todo el mundo, a los titulares de los periódicos económicos, a los consejos de Administración y, por supuesto, a nuestros bolsillos. ¿Irresponsabilidad, falsas apariencias? Allá cada cual con su dictamen.

Caben ya pocas dudas en el sentido de que Trump lo que está haciendo es asegurarse una especie de monopolio del petróleo para él y para sus aliados. Si Maduro y Jamenei no lo eran, allá ellos. Pero el precio de la gasolina, que arrastra, como es bien sabido, el precio de todo lo que se transporta, desde alimentos a bienes de equipo, se va disparando, como el de la luz. Y la angustia llega a los mercados, que si aún no se han desplomado (y esperemos que no ocurra), sí están temblando, y se nota.

No tengo capacidad para dotar a mis afirmaciones con datos económicos inéditos, pero las conversaciones informales que he mantenido con quienes saben, o dicen que saben, me llevan a pensar que ese crecimiento económico 'cómo un cohete' del que tanto, y con tanta razón, se enorgullecen en el Gobierno puede pegar un frenazo importante si la guerra contra Irán se prolongase durante algunas semanas más. Puede que esta guerra le resulte rentable, a medio plazo, a alguien tan concernido por sus propios intereses económicos como Trump, pero, desde luego, para el resto del mundo, quizá con la excepción de algunos países Bric, como China o la India, es una catástrofe.

Ya digo: me admira esa capacidad del inquilino monclovita, y de los demás que habitan laboralmente ese palacio, para poner al mal tiempo buena cara y dar una legítima impresión de que nada excepcional está ocurriendo. Hay mandatarios que se comunican de otra manera con sus opiniones públicas, con sus parlamentos, con su oposición política,económica y mediática. Aquí, todo se resume en esa guerra absurda entre partidos, en ese electoralismo permanente que nos hace olvidar el medio y largo plazo, la modernización del país, en aras del coyunturalismo, de ese horizonte limitado a 2027 y nada más.

Creo que, en Moncloa, ese ejército de asesores y quien los dirige con indudable pericia para sus intereses nos tienen tomada la medida. Somos, en el fondo, un pueblo fácil de gobernar, como en cierta ocasión me dijo Adolfo Suárez. "Hasta que se nos dispara un muelle y entonces es la guerra civil", añadía el inolvidable presidente, que jamás obviaba la existencia irremediable de las dos Españas. Que ahí siguen, divisibles por muchos motivos. Una es la España optimista de Moncloa y otra, la España que está entrando en pánico económico. No hagamos catastrofismo, claro, pero tomemos nota: vivir cuesta cada día más, y eso, por supuesto, tendrá consecuencias.

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