Publicado 18/04/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Sábado catalán y antitrumpista

MADRID, 18 Abr. (OTR/PRESS) -

Naturalmente, cuando esto escribo ignoro el tenor del comunicado y las declaraciones que saldrán de la 'movilización progresista global' convocada por Pedro Sánchez en Barcelona con representantes de medio mundo 'antitrumpista', especialmente de América Latina. Sí sé algo de la furia con la que el increíble inquilino de la Casa Blanca ha acogido esta convocatoria, animada por su ya casi enemigo personal (creo que sé lo que digo) el presidente del Gobierno español. Lo que ha ocurrido en Barcelona este viernes y sábado es, por extraño que parezca, todo un desafío a quien se cree el emperador del mundo mundial. ¿Habrá consecuencias?

Vaya por delante que, crítico como soy con tantas acciones e inacciones del Gobierno de Pedro Sánchez, no tengo otro remedio que apoyar esta política de enfrentamiento con Trump, con Netanyahu y con Putin, que son sin duda los principales destinatarios de ese mensaje lanzado el jueves por León XIV, en el sentido de que "el mundo está devastado por tiranos", y los grandes culpables de que, como decía Lula da Silva antes de la 'cumbre' hispano-brasileña de la Ciudad Condal, "el mundo sea un navío a la deriva".

Hay, claro, motivos abundantes para la reflexión entre las fuerzas de la izquierda (y de la derecha, desde luego) cuando nos están advirtiendo de que, si el conflicto desatado por Trump y Netanyahu con Irán se prolonga unas semanas más, puede que los aviones no tengan combustible ya para este verano. Confiemos en que Trump, que da constantes muestras de desequilibrio mental -solo por decir esto te dejan sin visado para entrar en Estados Unidos: que se lo pregunten a alguno a quien conozco--, tenga la cordura suficiente como para concretar ese alto el fuego provisional y unas condiciones para llegar a la paz que no resulten humillantes a los tampoco demasiado recomendables ayatolás.

En todo caso, ahí tenemos a Barcelona convertida por unas horas en capital mundial del 'antitrumpismo', que es como al parecer el presidente del Gobierno español ha decidido pasar a la Historia: haciendo olvidar sus trapisondas internas a base de enarbolar banderas internacionales reconocibles y, desde luego, plausibles, porque cualquier apoyo a esos 'tiranos' denunciados por el Papa Prevost resulta, hoy por hoy, ya inconcebible.

Cosa diferente, insisten sus muchos críticos, es cómo capitalice aquí, en casa, Pedro Sánchez el indudable apoyo internacional a sus postulados en política exterior. ¿Le servirán para hacer olvidar lo que él llama 'acoso judicial' contra su mujer y su hermano? ¿Para mejorar los previsiblemente catastróficos resultados en Andalucía de quien hasta ahora era su 'número dos'? Me parece que a Sánchez le va a resultar mucho más complicada su 'ofensiva de imagen' nacional que la internacional, tan airosa y eficazmente emprendida. En lo doméstico, son muchos los que creen que ha de cambiar radicalmente sus formas y fondos, su manera de comportarse ante adversarios políticos y ante los ciudadanos comunes, para recuperar la credibilidad con la que hace casi ocho años se hizo con el timón del Ejecutivo y que ha ido, año tras año, mes tras mes, perdiendo.

Hoy, la verdad, hay pocos indicios de ello. En su propio Gobierno coexisten dos almas cada vez más diferenciadas: no hay sino que ver los ataques lanzados por la vicepresidenta Yolanda Díaz contra Junts ('clasista y racista'), la formación de Puigdemont que sigue siendo el oscuro deseo del Gobierno socialista para mantenerse en el poder. Puede que Sánchez esté obteniendo titulares elogiosos en la prensa de medio mundo: de poco le servirá si no logra pacificar su cotarro interno.

Y no sé si, por muy resiliente y omnipresente que se crea, Sánchez tiene tiempo para todo, para aplacar el cabreo de Puigdemont con doña Yolanda, para mantener en danza varios platillos chinos, para seguir gobernando sin Presupuestos y sin mayoría, para no hundirse en las elecciones andaluzas y para convencer a los jueces de que su colega Peinado es un pésimo instructor. Demasiados frentes abiertos en un mundo en el que ya hay demasiados conflictos en marcha y en el que él, Pedro Sánchez, quiere erigirse como referente del combate de la izquierda frente a la derecha, así de simple y esquemático.

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