Siete días trepidantes.- Acabar con 'la casta' para preservar el Sistema.

Actualizado 03/07/2015 11:36:45 CET

MADRID, 5 Oct. (OTR/PRESS) -

¿Es el Sistema lo mismo que 'la casta'? Claro que no. Pero ocurre que no pocos integrantes de lo que no sé si muy adecuadamente -pero el término ha hecho fortuna y por algo será- se llama 'casta' hacen lo imposible por socavar el sistema. Que el ex jefe de la Casa del Rey, representantes de los tres principales partidos nacionales, de los dos sindicatos 'de clase', que personajes acomodados y beneficiados por un 'statu quo' muy concreto, a los que ninguna falta hace subvencionar para que compren un modelito a su esposa, hayan caído en el 'affaire' de las tarjetas de Caja Madrid, esa entidad que hemos rescatado a precio de oro entre todos, muestra hasta qué punto estamos rozando lo intolerable. Porque lo peor es que los (presuntos) implicados en este fraude a Hacienda y a todos nosotros se defiendan diciendo que su actuación, de la que acabamos de enterarnos al cabo de los años, era 'normal' y amparada desde la dirección de la Caja que hoy es, teóricamente, de todos.

Podríamos resolver este feo asunto, que lógicamente suscita las iras de ciudadanos que van más allá de los preferentistas a los que (también) se engañó, pidiendo castigos ejemplares, que rueden cabezas, dimisiones, investigaciones por parte de la Agencia Tributaria y hala, a olvidar otro escándalo más. Ni siquiera se devolverá un euro de lo mal habido. Y van...

Pero eso, querido amigo, ya no es posible. Es el mismo corazón de un sistema amenazado lo que está en juego. Y uno, qué le vamos a hacer, se siente muy lejos de la 'casta' y de las fiestas de smoking, pero uno piensa que el sistema este que nos hemos dado a lo largo de casi cuarenta años de trabajo en paz, de cierta prosperidad y de una democracia perfeccionable, pero democracia al fin, no se lo pueden cargar unos cuantos aprovechados. Ni unos políticos enloquecidos y mesiánicos que echan a los ciudadanos a la calle para cuartear las instituciones, ni alguna representante empresarial que provoca la indignación de los trabajadores y las trabajadoras, ni unos sindicalistas que siempre miran hacia otro lado, ni ciertos jueces que se creen omnipotentes. Ni tampoco algunos comunicadores que seguramente no están (no estamos, si usted quiere) a la altura de lo que deberían ser las circunstancias.

No. El Sistema, con mayúscula, que nos hemos dado quienes todos estos años hemos laborado de lo lindo, tantas veces sufriendo calladamente, va más allá incluso de la demagogia ocasional de quienes, hablando de 'castas', lo sacuden. Pero, claro, la regeneración necesaria también va mucho más allá de que ochenta y seis tipos, entre los cuales puede que usted y yo tengamos algún vecino, se pongan colorados durante un par de días porque se ha descubierto 'lo suyo' con la tarjeta de la Caja; mucho más allá de que ahora despreciemos a ese Pujol cuyas tropelías conocíamos, y callábamos en aras de la 'gobernabilidad', desde hace tanto tiempo; mucho más allá de la dedicación exclusiva de diputados (¿y senadores?) que predica Pedro Sánchez, y que tan mal ha sentado a algunas Señorías. Y mucho más allá de los desafíos al Estado de un político catalán acorralado por las malas compañías: Esquerra Republicana de Catalunya, la gran favorita ahora en las encuestas ante unas posibles elecciones autonómicas anticipadas que desbloqueasen la situación en la que Mas ha metido -no sin ayudas, por cierto- a los catalanes, ha sido históricamente la gran culpable de todas las desgracias que han caído sobre esa Comunidad. Piense usted, si no, en 1934, ese año fatídico que todos deberíamos empeñarnos en ni siquiera poder evocar hoy en día.

No es que quiera meter todos los lamentables acontecimientos de esta semana infausta que concluye en el mismo saco; es que todo se está configurando contra el mantenimiento de la situación, del Estado, de eso que hemos venido llamando 'Sistema'. Desde la enloquecida política de Mas -algo tiene que pasar de aquí al amenazante 9 de noviembre, y solo quedan treinta y seis días- hasta la falta de condenas enérgicas por parte de algún partido y de los dos sindicatos a las conductas censurables de sus representantes en ese cambalache que fue Caja Madrid. Pasando, si usted quiere, por cuestiones de detalle, como el posible indulto a Carlos Fabra, o el retiro dorado de un ministro dimitido en un 'consejo consultivo' de cuyas funciones nadie tiene noticia. Yo creo que este panorama merece algo más que los pertinaces silencios oficiales o que ideas regeneracionistas que se quedan en la superficie y en el cabreo de un grupo de diputados. No basta con invocar 'legalidad, legalidad, legalidad', como a Anguita no le bastó con repetir aquello de 'programa, programa, programa'.

Me resultaría, en suma, inconcebible que en los próximos días no se anunciase algún tipo de intento de acuerdo entre Artur Mas y Rajoy, con participación o aceptación de Pedro Sánchez y, por qué no, de las otras fuerzas parlamentarias. Un acuerdo en el que no se note, pero se adivine, la mano moderadora del Rey. Es el momento de las grandes decisiones, de las ideas de largo alcance, de las negociaciones maestras. Ya se está hablando de algunas posibles líneas de entendimiento, que nunca pasarían, desde luego, por la aceptación de Oriol Junqueras, ni falta que nos hace. Quisiera, en suma, ser optimista, al menos en este cuarto de hora en el que la 'casta' está amenazada, y me alegro, pero en el que también el Sistema lo está, y eso es, desde luego, una pésima noticia. Y, por favor, no seamos ingenuos ni cobardes: no estoy exagerando ni estoy poniéndome melodramático. Ojalá fuese eso.

Para leer más

OTR Press

Victoria Lafora

¿A quién se le ocurrió?

por Victoria Lafora

Charo Zarzalejos

No bonito, no

por Charo Zarzalejos

Luis Del Val

Odio Cartaginés

por Luis Del Val