Publicado 02/04/2026 08:01

Francisco Muro de Iscar.- Pasión por la vida

MADRID 2 Abr. (OTR/PRESS) -

En un mundo lleno de ruido y de distracciones, que poco a poco se aparta de Dios, la Semana de Pasión sigue siendo importante no sólo para los católicos sino también para tantos que siguen masivamente y en recogimiento las procesiones por las calles de nuestras ciudades. También para los que, creyentes o no, quieren un poco de paz, que buscan unos días de descanso y de reencuentro consigo mismos.

Para los católicos es un tiempo de reflexión, de oración, de compasión y de conversión. De encuentro personal y colectivo con quien transforma la vida. También de esperanza. Los que creemos en el Dios que se inmoló por todos los hombres, creemos en la Vida que se nos ha prometido para después de esta vida. Si no creyéramos en la trascendencia no sólo sería vana nuestra fe. También carecería de mucho sentido este tiempo en la tierra.

La muerte elegida y voluntaria de Cristo en la cruz fue sacrificio, oblación y ofrenda. Es tiempo de examen de conciencia y de conversión, de fidelidad a un mensaje de amor, de paz y de concordia, tan ausentes hoy en la vida de todos. Decía José Luis Martín Descalzo que "nosotros hemos hecho algo incluso más grave que crucificar al Hijo de Dios: nosotros estamos ablandando su Evangelio; nosotros hemos echado agua al vino de su Palabra, nosotros hemos domesticado el fuego que Él vino a traer a la tierra; nosotros hemos despreciado su mensaje. Si hoy Cristo nos hablara a nosotros y no a aquellos que lo crucificaron, volvería a decirnos las mismas palabras: 'Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen'".

Seguramente, Dios es el gran ausente de esta hora, incluso para muchos que se dicen católicos. Dicen que creen en Él pero se comportan con los demás como si no existiera. Exigen respeto para los que creen pero pervierten la esencia del cristianismo, de la doctrina de Jesús. Viven el cristianismo unos minutos al día, una vez a la semana, un poco más en Navidad o, ahora, en Semana Santa, pero cuando terminan las celebraciones, vuelven a comportarse como si Dios no existiera. Se quejan de lo que hacen "los malos" pero, en el mejor de los casos, no hacen nada para cambiar la realidad. Están acomodados. Y eso es todo lo contrario del mensaje de Cristo. La religiosidad popular de estos días, profunda, sentida, viva no puede quedar solo en eso. Hay que ser cristianos todos los días. Con todo el mundo. ¿Cómo se puede uno llamar cristiano y, al mismo tiempo, ignorar al que sufre, al pobre, al enfermo, al que padece la soledad, al que viene de otros lugares para buscar una vida digna? Para un cristiano, cualquier persona en situación de necesidad es tu hermano.

Y, a pesar de todo éste es, sobre todo, un tiempo de esperanza y un canto a la vida. Tras la pasión, la resurrección que es la clave sobre la que se sustenta nuestra fe. ¡Ojalá la Pascua de Resurrección traiga la paz que exigen las víctimas de las guerras de Ucrania, de Gaza, de Irán , de Sudán y de tantos lugares donde los poderosos deciden acabar con la vida de cientos de miles de inocentes o condenan a millones de personas al exilio, a migrar o a sobrevivir sin futuro en campos de refugiados! ¡Ojalá seamos capaces de poner la paz, el perdón y el amor en el centro de nuestra vida cotidiana, como hizo el Dios hombre que se inmoló en la cruz! ¡Ojalá cuidemos a todos los que sufren en vida en lugar de apoyarlos para que mueran! Ojalá seamos capaces de iluminar a los que nos rodean, de infundirles pasión por la vida actual y por la Vida futura, como hizo Jesús de Nazareth y no dejar a nadie en la oscuridad que mata!. ¡Feliz Pascua de Resurrección para todos!

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