MADRID 27 Abr. (OTR/PRESS) -
Roma inspira a Pascual Maragall, y si no que se lo digan a su sucesor el Muy Honorable Presidente de la Generalitat, José Montilla. Inmerso en la primavera romana Maragall ha dejado dicho que fue un error promover la reforma del Estatuto de Cataluña. Si, si, así como suena.
Y es que don Pascual cree que el Estatuto recién aprobado está en situación de provisional puesto que el Tribunal Constitucional tiene que decir la última palabra, por tanto en su opinión habría sido mejor reformar la Constitución ara que ésta estuviera en línea con el Estatuto y no al contrario. O sea el mundo al revés.
La declaración de Maragall ha dejado descolocados a sus compañeros del PSC, a sus compañeros del PSOE, y no digamos a los ciudadanos, salvo claro esta a Esquerra Republicana que naturalmente está de acuerdo con el ex presidente de la Generalitat.
En mi opinión Maragall, que no tiene un pelo de tonto, y sabe que el Estatuto aprobado es claramente anticonstitucional, teme que el Tribunal Constitucional ajuste el texto a la Constitución, y eso claro no le gusta nada.
La verdad es que don Pascual nos podía haber ahorrado a los ciudadanos el intentar hacer realidad sus sueños de grandeza. Es indudable que el Constitucional no lo va a tener fácil a la hora de abordar la constitucionalidad del Estatuto, porque a la vista están las numerosas opiniones, artículos, declaraciones, etc, de distintos políticos de todos los colores, que sin duda tienen intención de hacer mella en el animo del Alto Tribunal.
En todo caso, no queda más que esperar, y, a pesar de sus lamentos, Maragall debería aprovechar su primavera romana para pensar en el fracaso del nuevo Estatuto ,fracaso porque fue acogido con indiferencia por la mayoría de los catalanes, que pasaron olímpicamente del referéndum. Recuerden que se aprobó por los pelos. En eso si que debería de pensar Maragall. Pero a lo que se ve, lamenta no haber ido más allá, sin importarle demasiado la opinión de los demás. Hay hombres que deberían de controlar sus propios sueños.
Julia Navarro