Publicado 17/09/2025 08:01

Julia Navarro.- Sánchez y el don de la impostura

MADRID 17 Sep. (OTR/PRESS) -

Empezaré escribiendo lo que he escrito en otras ocasiones: Benjamín Netanyahu es el peor enemigo que en este momento tiene Israel, de la misma manera que Hamas lo es de la causa palestina. Tanto Netanyahu como Hamas son el principal obstáculo para la paz. Y ahora paso a la segunda parte: No podemos permanecer impasibles ni indiferentes ante la política de Netanyahu y de su gobierno intentando doblegar a los gazatíes, no solo destruyendo Gaza, sino a través del hambre y el exilio forzado. La política de Netanyahu respecto a Gaza es una política criminal.

Y ahora viene la tercera parte ¿qué hacer? ¿Sirven de algo las manifestaciones? ¿las flotillas de gente bienintencionada que intenta llegar a las costas de Gaza? O ¿expulsar a Israel de Eurovisión, de la vuelta ciclista, de los festivales de cine, etc, etc, etc? Mi respuesta es que no lo sé, soy escéptica.

Lo que sí me parece más que evidente es que nuestro Presidente de Gobierno, que tiene el agua al cuello porque su acción de gobierno es más que cuestionable, recurre a erigirse en adalid de la causa palestina y aparece como el dirigente político occidental más de izquierdas que ninguno, convencido de que eso le puede dar réditos electorales.

Pero hay algo impostado en el fervor con que abraza la causa palestina, amén de que su discurso, consignas y actitudes tienen un tufillo anti-Israel. Es decir anti-judío.

Se puede y se debe defender el derecho de los palestinos a tener su propio Estado, pero eso no pasa porque algunos miembros de nuestro Gobierno, se supone que con el visto bueno del Presidente, hagan suyo ese "cantico" que dice "Desde el río hasta el mar".

Insisto: los palestinos tienen derecho a tener su propio Estado y algún día habrá una mesa de negociación en que se tendrán que poner de acuerdo con renuncias tanto los unos como los otros. Pero el cantico en cuestión "Desde el río hasta el mar" implica que Israel desaparezca y por tanto los judíos que habitan esa tierra.

Como nuestro Presidente no tiene ni un pelo de tonto y además, cuenta con más de seiscientos asesores personales, es de suponer que alguno le habrá contado que todos los días en Israel hay manifestaciones contra Benjamin Netanyahu. También le habrán contado que una parte importante de la sociedad israelí está en contra del actual gobierno. Y seguro que le han informado de que importantes intelectuales judíos de dentro y de fuera de Israel, vienen criticando sin paliativos la política de Netanyahu y su gobierno.

O sea que le habrán explicado que Israel es una democracia que vive un momento anómalo bajo la batuta de Netanyahu que, para gobernar, se ha aliado con las fuerzas más extremistas del espectro político de Israel. En el gobierno de Netanyahu está lo peor de ese espectro, políticos fanáticos que nada tienen que ver con aquellos laboristas que pusieron los primeros cimientos del Estado.

También es de suponer que sus asesores le habrán contado que Hamas es un grupo terrorista que perpetró un terrible atentado el pasado 7 de octubre y que en la Franja de Gaza nadie podía expresar ninguna discrepancia y que eran habituales los asesinatos de quien se atrevia a disentir.

Y a nuestro presidente, tan feminista él, le supongo conmocionado por la situación de las mujeres gazatíes, apendices de sus maridos. También le supongo enterado del enfrentamiento entre Hamas y la Autoridad Nacional Palestina, que es quien ha venido siendo interlocutor con los gobiernos occidentales y organismos internacionales.

Y ya puesta a suponer, es más que seguro que alguno de sus seiscientos asesores le ha explicado que en Oriente Medio a quien se escucha y tiene influencia es Estados Unidos y, por tanto, que es este país quién deberá de dar los pasos para que se sienten en torno a la misma mesa a palestinos e israelíes.

Eso sí, me sorprende que el Presidente del Gobierno de España, que quiere parecer más de izquierdas que ningún otro líder occidental, en vez de trabajar por la paz, se dedique a agitar las banderas de guerra. Bien es verdad que trabajar por la paz requiere silencio, negociaciones y sobre todo contar con el respeto de las partes en conflicto. Me temo que nuestro Presidente no reúne ninguna de esas condiciones.

Las proclamas del Presidente durante y después de la vuelta ciclista a cuenta de lo que está sucediendo en Gaza, evidencian a un político que intenta sacar rédito de una tragedia para así paliar sus fracasos y la contestación que tiene en nuestro país, ni más ni menos. Si de verdad le importa el sufrimiento del pueblo palestino debe de ponerse a trabajar para que cuanto antes los dos pueblos, el israeli y el palestino se sienten a negociar y admitan, los unos y los otros, que no tienen otra opción que compartir ese trozo de tierra y vivir codo con codo. No hace falta que se hagan amigos, solo que se respeten. Pero a la vista está que nuestro Presidente no trabaja en esa dirección sino en la contraria. Eso sí, a izquierdista de salón no le gana nadie. Faltaría más.

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