Actualizado 18/05/2008 02:00

Pedro Calvo Hernando.- En el límite de lo irreverasible

MADRID 18 May. (OTR/PRESS) -

Ni siquiera el asesinato del guardia civil Juan Manuel Piñuel ha supuesto una tregua en la guerra fratricida del Partido Popular. Y es que la razonable y moderada actitud de Mariano Rajoy ante ese acontecimiento no ha terminado de gustar en el flanco ultra de su partido, pues lo han visto demasiado complaciente con el Gobierno y dando demasiadas facilidades para la recuperación del consenso antiterrorista. Porque piensan que o somos o no somos y que no hay que andarse con paños calientes. Sin reparar en que el vil asesinato del guardia ha suscitado en el pueblo llano y normal un fuerte sentimiento de solidaridad entre todos los ciudadanos bien nacidos para los que la decisión de los asesinos merece la condena y la repulsa de todos sin el menor asomo de matiz o de aprovechamiento político. Yo creo que en esta ocasión Rajoy y sus colaboradores y partidarios han estado a la altura de los acontecimientos y tal vez por ello han suscitado aun más la inquina de sus enemigos, que lo son también de la unidad de todos los demócratas contra el terrorismo de ETA.

Pero sea como sea, el caso es que la crisis interna del PP ha alcanzado unas dimensiones y una gravedad que podrían estar rozando las fronteras de lo irreversible. En la discusión sobre si esta crisis es ideológica o de lucha por el poder interno, yo me inclino por pensar que es las dos cosas, mucho más que la de hace veinte años, que se ventilaba sobre todo en el terreno de las disputas por hacerse con el poder y el liderazgo dentro de la dividida (entonces) derecha española. Es posible que los del sector de María San Gil se hayan pasado de rosca y así hayan perjudicado sus propias aspiraciones, pero el camino hacia el congreso de junio es todavía largo y puede romper al partido en dos mitades, si es que no está roto ya. Desde fuera del PP, y dentro del genérico campo progresista, inevitablemente se empieza a mirar con cierta simpatía a Rajoy, a Gallardón, a Sáenz de Santamaría, por la fuerza de los contrastes con el bando adversario. Pero a lo peor eso les perjudica y entonces no sabe uno qué hacer.

Pedro Calvo Hernando.

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