Publicado 18/07/2023 08:01

Rafael Torres.- Rompetechos

MADRID, 18 Jul. (OTR/PRESS) -

Rompetechos no va a poder ir a votar el domingo, aunque de haber podido y de haber querido ir, vaya usted a saber con qué habría confundido la urna, y por qué ranura habría introducido la papeleta. Rompetechos, es decir, Francisco Ibáñez, no va a poder ir a votar el domingo, pero de haber podido y de haber querido ir, su voto tendría un valor extraordinario, pues sería el de un hombre que, en el tiempo de violencia, injusticia y miseria moral que le tocó vivir, se entregó absolutamente al trabajo de hacer felices a los demás.

Cuantos tenemos una edad, y dos, aprendimos a leer con él, y en consecuencia, andando el tiempo, a escribir. Porque Francisco Ibáñez, el barcelonés que se fue pareciendo cada vez más a su paisano y también genial Jaume Sisa, dibujaba por la necesidad de dar forma visual a sus historias, a sus gags, pero nunca construyó una viñeta, y mucho menos una página, sin haberlas escrito antes. Así, los que tenemos una edad, leíamos los tebeos cuando apenas teníamos edad ninguna, y no los mirábamos solo como ahora. Bueno, ahora ya no hay tebeos, hay cómics, pero son más de mirar que de otra cosa.

Había escritores de periódicos, y había escritores de tebeos. Con Ibáñez, y tan explotados por la industria como él, los Vázquez, Enrich, Coll, Escobar, Schmidt, Peñarroya y compañía, enseñaron a los niños de los 60 del pasado siglo a leer, y lo hicieron de la canónica y bendita manera de instruir deleitando. Tío Vivo, DDT, Pulgarcito, TBO, Jaimito, Pumby y demás integraban la fabulosa biblioteca infantil que se renovaba constantemente, pues, una vez leídos, los tebeos se llevaban a cambiar, procurando escoger los menos manoseados.

A aquellos niños, a uno de los cuales aún percibe uno en su corazón, bien que medio sepultado en la escombrera del tiempo, Ibáñez y sus colegas les enseñaron a leer, pero a los adultos les enseñaron, desde entonces y hasta hoy, a seguir riendo, riendo por higiene, riendo por el gusto de reír y de vivir.

Rompetechos, el cegato calvo y bajito que veía el mundo a su manera, no sólo era, de todos sus personajes, el favorito del gran creador Francisco Ibáñez, sino que era él mismo. Nunca sabremos qué votaría el domingo, pero seguro que a ninguno de esos instalados en la ignorancia y el odio, que segarían, si pudieran, las ganas de reír.

Contenido patrocinado

Foto del autor

Victoria Lafora

Dense prisa, por favor

Foto del autor

Carmen Tomás

Dónde está el dinero

Foto del autor

Fernando Jáuregui

OTAN, España de salida NO

Foto del autor

Antonio Casado

Rajoy el indolente