Actualizado 25/09/2009 20:40 CET

El subdelegado del CICR para Afganistán subraya en su marcha el coste humano de la guerra afgana

MADRID, 25 Sep. (EUROPA PRESS) -

En el año 2001, la mayor parte de Afganistán permanecía en paz, y los trabajadores humanitarios extranjeros podían ir casi a todas partes, pero cuando comenzó la operación militar masiva a finales de ese año, Afganistán entró en un "capítulo negro" y, tan solo dos años después se convirtió en un lugar muy peligroso para el personal humanitario, señaló hoy el subdirector de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Patrick Hamilton.

Hamilton indicó que el asesinato de un delegado del CICR marcó el fin del acceso humanitario y el comienzo de una insurgencia. "La población civil está atrapada entre la oposición armada por un lado y las fuerzas afganas e internacionales por el otro", aseguró, cuando termina su mandato para este país.

"El conflicto se está librando entre la población civil, por lo que ésta sufre las consecuencias directas como el fuego cruzado y los ataques aéreos (...), pero también las consecuencias indirectas, ya que priva a los civiles de los servicios básicos como la sanidad", añadió.

"El coste humano de la guerra se ha incrementado durante los últimos años y ha alcanzado niveles atroces", lamentó. Explicó igualmente que durante los últimos tres años, el CICR inició o reanudó conversaciones con las fuerzas armadas en el país, con la OTAN y con la oposición armada para que todos aceptaran la misión de la organización y dieran acceso a los que sufrían las consecuencias del conflicto.

"Lo que escuchamos ahora con una claridad sin precedentes por parte de todos es que pretenden proteger a los civiles de los efectos del conflicto, algo que ha quedado reflejado en las directivas tácticas de la OTAN y en los últimos comunicados de los líderes talibán", añadió.

Según Hamilton, el desafío principal al que se enfrentan es obtener un acceso seguro a todos los lugares, porque la naturaleza compleja del mismo significa tener que hablar con "todas las partes a todos los niveles para dejar claro que entienden, aceptan y respetan la presencia y mandato del CICR".

Al ser preguntado sobre el contacto que mantiene la organización con la oposición armada, Hamilton señala que las dos partes comenzaron a dialogar muy pronto y que a este hecho contribuyó el contratar a traductores pashtunes. "El contacto regular con familias que nos pedían ayuda porque alguno de sus familiares estaba bajo custodia afgana o estadounidense también contribuyó a construir la confianza", afirmó.

"La gente se dio cuenta de que estábamos preparados para escuchar, para tomar en peso sus problemas y responderlos, esto fue crucial", aseguró, y señaló que el diálogo con la oposición armada comenzó con cuestiones humanitarias, como los heridos en el enfrentamiento y lo que podíamos hacer para ayudarlos. "De ahí seguimos con cuestiones como la devolución de los cadáveres a las dos partes y a sus familias", especificó.

Para resumir la posición del CICR, Hamilton indicó que dos cosas habían sucedido el año pasado. "La mala noticia es que el conflicto se ha extendido y el sufrimiento humano potencial se ha incrementado de acuerdo con esta situación, y la buena noticia es que todas las partes están ahora más involucradas con el CICR en cuestiones humanitarias", aseguró.