MADRID, 8 Ago. (EUROPA PRESS) -
Según datos de las Naciones Unidas, en el mundo existen más de 5.000 pueblos indígenas ubicados en unos 90 países. En conjunto son más de 370 millones de personas, es decir, más del 5% de la población mundial y, sin embargo, se encuentran entre las personas más desfavorecidas y vulnerables del mundo. La comunidad Moken, ubicada en las zonas costeras de Tailandia y Myanmar, es uno de los pueblos que luchan por permanecer en sus tierras, conservar sus costumbres y salir adelante sin caer en la pobreza. Plan Internacional les ayuda a ello.
Con una cultura ancestral basada en el mar, el pueblo nómada de los Moken vive en comunidades de 200 y 300 miembros y se calcula que son unos 10.000 residentes en Tailandia. Sin embargo, la mayoría no están registrados como ciudadanos tailandeses. Aislados físicamente y socialmente excluidos, la pregunta de "¿de dónde eres?" les provoca un profundo desconcierto.
Para ellos, su hogar es el mar, donde transcurren sus jornadas. Viven en cabañas en la playa, la pesca es su principal alimento y los niños ayudan a recolectar moluscos para la comida diaria. Aunque siempre han sido una de las poblaciones más desfavorecidas de Tailandia, tras el tsunami de 2004, la situación de los Moken empeoró. Al ver arrasado su medio natural de vida en el bosque de manglares, muchas familias tuvieron que desplazarse al interior en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, los niños, al no saber idioma y haber sido criados bajo una educación informal en la comunidad, tuvieron numerosos obstáculos para incorporarse a las escuelas públicas tailandesas. Al final, muchos abandonaron la escuela, aumentando su vulnerabilidad hacia las mafias. Por ello, los niños y jóvenes moken son considerados como una de las "poblaciones en situación de riesgo" del país.
El programa 'Niños indígenas y aislados' de Plan Internacional, del que ya se han beneficiado 5.251 habitantes, tiene como objetivo controlar y proteger los derechos básicos de los niños moken para evitar que sean víctimas de la trata, los abusos y la discriminación. Estos derechos incluyen la educación, la salud, el certificado de nacimiento y la identidad. Además, desarrollan actividades para evitar que su cultura se pierda como son clases de lengua moke, sesiones sobre tradiciones o talleres de artesanía. Un programa del que no sólo se benefician los menores sino todos los miembros de las comunidades que ven cómo sus tradiciones y costumbres perduran en el tiempo.
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