"Jugar también es decir 'estoy aquí contigo'". Por Beatriz Sanz, educadora de Entreculturas-Amoverse

Entreculturas en el Día Internacional del Juego
Entreculturas en el Día Internacional del Juego - ENTRECULTURAS
Europa Press Sociedad
Publicado: jueves, 11 junio 2026 14:21

Una torre de piezas que se derrumba en el salón, una partida de cartas después de cenar, una manta convertida en cabaña o una conversación sobre un videojuego. Aunque cambie con la edad, el juego sigue siendo uno de los principales espacios de encuentro, aprendizaje y vínculo dentro de las familias.

En el Día Internacional del Juego, hoy más que nunca debemos reivindicar cómo jugar continúa siendo una forma de detenernos y conectar con otras personas, incluso en un contexto actual marcado por las pantallas, las prisas y la falta de tiempo compartido. Y es que, ¿cómo hablar de juego sin hablar de momentos en los que, casi sin darnos cuenta, construimos confianza, aprendemos a convivir y compartimos tiempo de calidad?.

Durante los primeros años de vida, también conocidos como primera infancia, el juego es descubrimiento: jugamos con el cuerpo, con los objetos y con los sentidos. Y aquí es donde nuestro papel como personas adultas pasa principalmente por el acompañamiento, facilitando la experiencia, dejando a un lado las instrucciones o la necesidad de dirigir constantemente el juego. Imitar sonidos, jugar en el suelo, escondernos o hacer construcciones para luego derribarlas son experiencias que pueden parecer simples ante los ojos adultos, pero que tienen un enorme valor para niños y niñas. Es en estos momentos donde, más que "enseñar", nuestro papel consiste en estar disponibles, sostener la curiosidad y celebrar cada pequeño logro.

A medida que niños y niñas crecen, el juego se vuelve más simbólico. Aparecen las historias, los personajes y los mundos imaginarios: una almohada puede convertirse en un barco y el salón de casa en una isla desierta. En esta etapa, las familias pueden enriquecer el juego ofreciendo materiales, proponiendo escenarios o simplemente entrando en la dinámica que se nos propone sin asumir el control. Hemos visto en Amoverse - Entreculturas, entidades que trabajamos acompañando a niños, niñas, adolescentes y sus familias en sus procesos de crecimiento, aprendizaje y participación, cómo muchas personas adultas terminan convirtiéndose en "el cocodrilo" o "la clienta del restaurante", abriendo nuevas posibilidades para la imaginación compartida. Es ahí donde el juego pasa a ser también un espacio de expresión emocional, creatividad y aprendizaje social.

A partir de la etapa escolar, las reglas comienzan a ser más claras, a tener un papel más importante y a consolidarse a través de juegos de mesa, dinámicas grupales o actividades deportivas. En este momento aparece la oportunidad de trabajar la cooperación, el respeto mutuo, la escucha, la tolerancia a la frustración o la capacidad de llegar a acuerdos. Sin embargo, es importante recordar que el objetivo no está únicamente en ganar, sino también en disfrutar del proceso y de lo compartido.

Desde casa podemos acompañar estas experiencias hablando sobre qué ocurre cuando perdemos, cómo celebramos nuestros propios logros y los de otras personas o cómo gestionamos la frustración cuando las cosas no salen como esperábamos. En nuestros espacios educativos observamos cómo espacios de juego como una partida de ajedrez o de Dobble terminan convirtiéndose muchas veces en una excusa para conversar, negociar nuevas reglas o descubrir formas distintas de relacionarnos.

Después llega la adolescencia, una etapa en la que a menudo parece que el juego desaparece. Sin embargo, el juego no desaparece: se transforma. Lo vemos en las partidas de videojuegos, en las salidas al parque, en el deporte o incluso en ver series y comentarlas juntos. Quizá aquí, el mayor desafío para las personas adultas sea comprender que las formas de jugar cambian, pero la necesidad de compartir, explorar o divertirse sigue estando presente.

El reto, por tanto, pasa por respetar sus intereses y encontrar puntos de encuentro. Forzar determinadas dinámicas suele alejarnos, mientras que mostrarnos disponibles y con curiosidad genuina hacia aquello que les interesa puede abrir espacios de confianza y conexión. En Amoverse - Entreculturas vemos con frecuencia cómo adolescentes que inicialmente permanecen al margen de las actividades terminan participando cuando sienten que forman parte de una propuesta que respeta su identidad, sus gustos y sus tiempos.

Quizá uno de los mayores retos para las personas adultas sea también reaprender a jugar. Dejar atrás la idea de que el juego pertenece únicamente a la infancia y permitirnos participar desde otro lugar, sin buscar hacerlo perfecto ni convertir cada momento en una actividad extraordinaria. A veces basta simplemente con parar, mirar y aceptar la invitación que niños, niñas y adolescentes nos hacen cuando juegan.

Porque hay algo que no cambia: el juego sigue siendo un puente y una herramienta de aprendizaje compartido. No importa la edad; jugar en familia también significa decir "estoy aquí contigo". Es una oportunidad para conocerse mejor, construir recuerdos y fortalecer vínculos cotidianos.

Desde mi papel como educadora, el juego no es un tiempo vacío ni secundario. Es un lenguaje compartido que evoluciona con la edad, pero que mantiene intacta su capacidad para acercarnos. Porque, al final, jugar no solo impulsa el desarrollo de niños, niñas y adolescentes, sino que también transforma y fortalece a la familia en su conjunto.

Beatriz Sanz Alonso es educadora de infancia y adolescencia de Entreculturas - Amoverse

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