Archivo - Ana Sainz, directora general de Fundación SERES - ELVIRA MEGÍAS QUIRÓS - Archivo
Vivimos tiempos inimaginables, en los que difícilmente podíamos prever hasta qué punto valores, sistemas, estructuras y equilibrios de poder se verían alterados. A la inestabilidad geopolítica y económica se suma una puesta en duda constante de lo básico y un lenguaje público cada vez más agresivo y polarizante. Todo ello impacta de lleno en las empresas y en su manera de entender la sostenibilidad, el compromiso social y su propio papel en la sociedad y vemos cómo conceptos como ESG o DEI pueden convertirse en armas arrojadizas si no se abordan con claridad, coherencia y liderazgo desde la alta dirección.
2025 ha sido un año decisivo porque, precisamente en la turbulencia, la empresa tiene una oportunidad única: no solo mantener su estrategia social, sino reforzarla, y con ello potenciar su competitividad, resiliencia y capacidad de generar valor a largo plazo. La evolución del marco europeo, con debates como el paquete Ómnibus, refuerza la idea de lo relevante que es mantenerse fiel a los principios de cada compañía y la integración de lo social en la estrategia de la compañía por responsabilidad y cómo palanca de creación de valor.
Es indispensable contar con un sector privado responsable, que favorezca el crecimiento, la productividad y la innovación, con compañías y directivos que conviertan el compromiso social empresarial en oportunidades. Las compañías que integran el impacto social en su estrategia están mejor preparadas para gestionar la incertidumbre, atraer talento, conectar con la sociedad y tomar mejores decisiones de negocio.
De cara a 2026, uno de los grandes focos estratégicos es el reto intergeneracional. Hoy las empresas interactúan con hasta cinco generaciones, dentro y fuera de la organización. Esta realidad plantea desafíos complejos, pero también enormes oportunidades para innovar, diseñar soluciones inclusivas y fortalecer la relación con empleados, clientes y comunidades. Por eso en Fundación SERES impulsamos la Alianza Intergeneracional, un movimiento que une empresas, expertos y sector público para liderar el pacto generacional y abordar retos como la empleabilidad, la formación a lo largo de la vida, la nueva longevidad, la vivienda o la soledad no deseada. Porque el reto intergeneracional es el mayor reto que tenemos como humanidad y como país.
Otro de los ejes clave es la medición y gestión del impacto social. Medir ya no es solo una exigencia regulatoria o un ejercicio de reporting, es una herramienta clave de gestión y de toma de decisiones estratégicas. En un contexto de presión regulatoria, escrutinio público y polarización, las empresas necesitan datos fiables para priorizar, asignar recursos demostrar, con evidencia y rigor, cómo su impacto social contribuye a la competitividad y a la creación de valor a largo plazo.
En este escenario, el talento ocupa un lugar central en la agenda estratégica de las compañías y de sus órganos de dirección. El grupo de interés empleados se consolida como un eje clave en un momento de profunda transformación del trabajo. Así lo reflejan los informes que elaboramos desde Fundación SERES: con independencia del sector, el 100% de las empresas analizadas integra de forma estructural la gestión de su plantilla como una prioridad estratégica y la mide a través del estándar S1 (Trabajadores propios). La aceleración de la inteligencia artificial refuerza, además, la necesidad de anticipar capacidades críticas e invertir en upskilling y reskilling, así como en liderazgos humanistas y con propósito y culturas organizativas que generen pertenencia y compromiso, para reforzar la productividad, atraer y fidelizar talento y garantizar la competitividad a largo plazo.
Y, finalmente, las alianzas y el liderazgo empresarial serán determinantes en un contexto geopolítico y regulatorio cada vez más complejo. Ninguna empresa puede abordar en solitario desafíos sociales de esta magnitud: será imprescindible impulsar ecosistemas de colaboración entre empresas, administraciones y entidades sociales. Solo desde la colaboración será posible multiplicar impacto, escalar soluciones y responder a retos sociales cada vez más complejos. El liderazgo de la alta dirección será clave para anticipar el largo plazo, tomar decisiones valientes y situar el impacto social en el centro de la estrategia empresarial.
El camino hacia la transformación de empresas más innovadoras y comprometidas nos exige ponernos "las gafas" del largo plazo. Todo esto sin perder el foco en un concepto aún más poderoso y básico: colocar en el centro a las personas. Porque no hay futuro sin empresas gestionadas con responsabilidad.
Ana Sainz, directora general de Fundación SERES