"Vamos a leer". Por Carmen Trigo, catedrática de enseñanza secundaria

Carmen Trigo, Catedrática De Enseñanza Secundaria
JULIANA MANRIQUE
Europa Press Sociedad
Actualizado: viernes, 31 agosto 2012 22:25

Hace años, cuando me instalaron en casa el primer ordenador, el técnico --un joven-- me advirtió: "Señora, cuidado. Yo cada vez leo más libros". Enseguida vio que no había problemas por ausencia de libros. Pero la abundancia de aparatos electrónicos y el tiempo libre de los niños me recuerda a este joven técnico.

En otra ocasión oí que Arturo Pérez Reverte sintió nacer y crecer el escritor que sería luego, que es ahora, durante su infancia, en los veranos del Norte, escondido en un desván donde estaba la biblioteca de su abuelo: Stevenson y tantos libros de aventuras que nos han hecho pasar tardes fantásticas, metidos en mundos tan alejados de la realidad cotidiana, pero entre personajes con los que nos sentíamos identificados.

La literatura buena tiene eso: que, aunque los personajes sean de hace mucho, en ellos nos vemos retratados porque habla del ser humano universal, de situaciones en las que podríamos o nos gustaría vernos, y de problemas resueltos de muy distinta manera a como nosotros los resolveríamos. Y así, sin darnos cuenta, entablamos una relación con los autores. Y salimos de un mundo inmediato, y a veces, poco satisfactorio.

Quizás los momentos de crisis son una oportunidad de saber cómo han vivido estas circunstancias los personajes de ficción que, si la literatura es buena, son del todo verosímiles.

Siempre hay que aprovechar el tiempo libre para leer. Los niños y jóvenes que leen hablan y escriben mejor, y, en consecuencia, piensan mejor y saben decir lo que sienten. Los niños que leen, son más cultos sin darse cuenta de que están aprendiendo y al final, eso repercute en su rendimiento escolar. Recuerdo que por comentar entre varias niñas de últimos cursos de primaria 'Simbad el marino', acabaron sabiendo qué quiere decir lo que está escrito: eran niñas a las que faltaba lectura comprensiva, y por ese motivo, no repitieron curso: antes leían y estudiaban sin saber qué quería decir lo que estaban leyendo. Esos comentarios también facilitan temas de conversación entre ellos y ayuda a la relación interpersonal.

Los niños que leen abren sus horizontes a otros tiempos y a otros espacios, se hacen observadores y se implican en lo que leen, si es adecuado para su edad. Esto es fantástico porque golpea la pasividad sin que se den cuenta, al contrario de la cultura de la imagen que viene mejor a los que ya estamos más cansados en general.

Las lecturas de los niños y jóvenes son como las buenas compañías. Los niños que leen tienen imaginación porque en los libros nosotros ponemos mucho. Cualquiera se ha sentido decepcionado por una película basada en un libro: no es que esté mal hecha, es que nosotros lo imaginábamos de otra manera.

Los niños que leen pueden tener modelos. Y pasar unas tardes muy entretenidas, y acostumbrarse a la belleza de los paisajes y del buen decir. Conozco familias que dedican un rato de la tarde a leer: unos el periódico, otros lo que les parece: es la hora de leer para toda la familia. En la playa, en el campo o en casa, donde puede ser que tengamos que estar.

Carmen Trigo Márquez es catedrática de enseñanza secundaria. Licenciada en Filología Clásica (U. de Granada) y en Derecho(Uned). Orientador Familiar. Master en Historia y Estética de la cinematografía (U. de Valladolid)

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