El furtivismo en Galicia, un negocio que ya supera los 100.600 kilos entre mafias, turistas y 'necesitados'

Material incautado a furtivos
XUNTA - Archivo
Publicado 02/09/2018 11:57:25CET

   El Servizo de Gardacostas ha realizado más de 9.000 incautaciones en lo que va de año, lo que supone un "gran impacto económico" para Galicia

   SANTIAGO DE COMPOSTELA, 2 Sep. (EUROPA PRESS) -

   Percebes, navajas, almejas, berberechos y una larga lista de invertebrados marinos caracterizan buena parte de la gastronomía gallega. Sin embargo, uno de los manjares más cotizados del mar esconde un negocio que este año ya supera los 100.600 kilos de marisco negro --según los datos de la Consellería de Mar aportados a Europa Press-- y detrás del que están organizaciones que funcionan como "mafias", turistas que dan nombre al 'furtivismo de bañador' y personas sin recursos.

   Estos tres tipos de furtivos se suman a los otros 16 perfiles que el grupo de economía pesquera de la Universidade de Santiago de Compostela (USC), en el que trabajan Hugo Ballesteros, Gonzalo Rodríguez y María do Carmo, ha advertido que operan en Galicia.

   Al conjunto de los furtivos gallegos se les ha incautado, en los siete primeros meses de año, un total de 100.648 kilos de marisco, una cifra que es sustancialmente superior a la del año pasado y, al respecto, los investigadores aseguran que constituye un "gran impacto económico" en la industria y un grave "menoscabo" a la profesión.

   El equipo de investigación ha estudiado casos similares en Sudáfrica, Australia y Canadá, pero Ballesteros asegura que el furtivismo gallego es "único" en el mundo y que, a pesar de ser una práctica "indeseada" dentro del colectivo marisquero, se sustenta en la realidad socioeconómica de Galicia y el número de incautaciones realizadas de enero a julio ya asciende a las 9.065.

   Respecto a las cifras proporcionadas por la Consellería do Mar, el subdirector del Servizo de Gardacostas, Nilo Sexto, advierte, en declaraciones a Europa Press, que la cantidad de marisco decomisado suele ser la misma todos los años, pero que si se da algún repunte --como el que se contempla este año respecto al año pasado (79.000 kilos más)-- la diferencia se debe a que ciertas actividades ilícitas se computan como furtivismo, a pesar de no corresponder a las realizadas por los furtivos comunes.

LA ACEPTACIÓN DE LA NECESIDAD

   Tanto Hugo Ballesteros como Gonzalo Rodríguez y el presidente de las cofradías de pescadores gallegos, Tomás Fajardo, coinciden en que el furtivismo es "totalmente indeseado" y rechazado por los mariscadores y mariscadoras, pero que, en ocasiones, existe algún "caso puntal y aislado" en el que esta práctica es aceptada por los trabajadores.

   En concreto, el sector consiente la recogida de marisco furtivo en casos de "necesidad" --es decir, a aquellas personas que tienen problemas con las drogas, de dinero o que sufren una situación de desempleo de larga duración-- y, en segundo lugar, para el "autoconsumo", así lo confirma el estudio que ha llevado a cabo el grupo de economía pesquera de la USC.

   Esta permisividad puntual esconde una delegación de responsabilidad de "ayudar al necesitado" que cae en manos de los mariscadores y que, a juicio de Ballesteros, no debería corresponder a los trabajadores, sino al Estado, pero que se realiza para lograr el "bienestar colectivo", a pesar de ser "injusto".

   Ballesteros ha relatado un caso en las Rías Baixas que muestra esta tendencia a buscar el beneficio para la sociedad más allá de la legalidad. Se trata de un pacto entre los percebeiros de la zona y un grupo de jóvenes con problemas de drogadicción, a los que se les cedió una zona de pesca para ejercer el furtivismo y así evitar actos delincuentes en el pueblo, ya que para los trabajadores tampoco suponía un alto impacto económico.

   Al respecto, este investigador gallego argumenta que el marisqueo se está organizando en un marco de "cogestión" de los recursos naturales entre la Xunta, que tutela el sector, y los usuarios de los recursos. De todos modos, tanto Ballesteros como Rodríguez insisten en que es difícil resolver esta problemática "sin contar con políticas sociales" que el Estado debe "legislar".

EL RECHAZO AL BAÑADOR Y AL VICIO

    Otro tipo de furtivismo que afecta a la industria es el 'de bañador', el practicado por turistas y veraneantes que se aprovechan del recurso y recogen marisco en las playas de recreo. Una actividad que Ballesteros cree que se práctica de forma "casi lúdica" y que el presidente de las cofradías de pescadores tacha de "vicio".

   Esta forma de furtivismo no es tan evidente como el 'profesional' --el que ejercen sin licencia algunas personas para ganarse la vida--, el 'interno' --el que se da dentro del propio sector-- o el 'organizado', que puede llegar a actuar como una "mafia" y recaudar hasta 3.000 euros en una noche, según explica Ballesteros.

   En cuanto a estos tres últimos, es necesario resaltar no solo los perjuicios económicos que provocan el hundimiento de los precios y la competencia desleal, sino también las consecuencias medioambientales que supone la extracción incontrolada de marisco.

CONSECUENCIAS

   Gonzalo Rodríguez reivindica que la captura de estas especies debe "estar regulada" y ser "sostenible" para permitir que los mariscadores vivan "dignamente" y, en este sentido, considera que el aumento del número de licencias "no tendría sentido" porque no se adapta a los recursos disponibles.

   Entre los efectos de este fenómeno se encuentra el perjuicio económico que, según Ballesteros, "aún no se valora", pero que, a juicio de Rodríguez, "desestabiliza los mercados", "reduce los ingresos" de los mariscadores legales y "consolida canales" en el mercado negro.

   Por otra parte, este fenómeno también acarrea consecuencias cualitativas que Rodríguez traduce en una "mayor dificultad para hacer cumplir las normas" al conjunto de la sociedad, por la "cultura de la permisividad" existente y la consecuente "impunidad" de los furtivos.

LA LUCHA CONTRA EL FURTIVISMO

   Ante esta situación de explotación indiscriminada del marisco gallego, las cofradías y la Xunta aúnan esfuerzos para intentar paliar esta práctica ilegal que afecta, sobre todo, a las Rías Baixas.

   Existen varias formas para luchar contra el furtivismo, el presidente de las cofradías gallegas apunta una de ellas, que consiste en reforzar las labores de los vigilantes a través de la colaboración para avistar a los furtivos.

   Otra experiencia conocida por el investigador Rodríguez se basa en la división de las mariscadoras en grupos, para trabajar y vigilar en diferentes zonas. De esta manera, una parte de las mariscadoras recogen su cuota y la correspondiente a sus compañeras, mientras que las otras se dedican a vigilar las playas en las que no se está recolectando y tratan, así, de evitar la explotación del recurso de forma ilegal.

MULTAS

   Al margen de estos actos de autodefensa del sector, Ballesteros ha explicado que la Administración gallega ha desarrollado una serie de políticas para "aumentar el número de acciones contra el furtivismo", campañas de "concienciación de la ciudadanía" y "multas".

   Respecto a las infracciones que se han interpuesto desde principios de año hasta julio, los datos de la Xunta revelan 1.564 infracciones interpuestas por un importe que puede llegar a los 30.000 euros en caso de ser una práctica reiterada, por tercera vez, en un periodo menor a dos años desde la primera multa.

   El subdirector del Servizo de Gardacostas entiende que en caso de los furtivos reincidentes, muchas veces las multas no se llegan a hacer efectivas porque los procesos de la Administración son largos y ellos se declaran insolventes.

   Sin embargo, Nilo Sexto apunta a que cada vez existe una mayor sensibilización respecto al consumo de este tipo de marisco, sobre todo, porque conlleva un riesgo para la salud. Y aunque muchos furtivos se justifican alegando que "el mar es de todos", el presidente de las cofradías gallegas recuerda que "todos los que van a la mar" lo hacen por "necesidad".