La complicada situación de las familias dejadas atrás por los milicianos de Estado Islámico

Una mujer acusada de ser familiar de un miliciano de Estado Islámico
REUTERS / THAIER AL-SUDANI
 
Actualizado: lunes, 17 julio 2017 9:55

Vistos con suspicacia por el resto de residentes, se enfrentan al reto de posibles represalias

BARTELLA (IRAK), 17 Jul. (Reuters/EP) -

Sus maridos, hijos y hermanos están muertos, pero las mujeres e hijos de los milicianos de Estado Islámico que han quedado atrás vivirán para pagar el precio por sus acciones.

A medida que los días de control por parte de Estado Islámico de amplias franjas de Irak llegan a su fin, están surgiendo dudas sobre qué hacer con sus familias. Por ahora, muchas de ellas están efectivamente encarceladas en un campamento al este de Mosul, donde los últimos desplazados de la ciudad han sido trasladados.

"Todos los hombres fueron abatidos", cuenta Umm Hamoudi, de 62 a ños, que huyó del distrito de Midan la semana pasada con 21 miembros de su familia, todos mujeres y niños. Su marido, un miembro de Estado Islámico, resultó herido en los combates por la Ciudad Vieja. Intentaron sacarle del campo de batalla pero pesaba demasiado, así que le dijeron adiós y le abandonaron allí para que muriera.

Los civiles desplazados están regresando a sus casas para reconstruir sus vidas, pero los que sufrieron tres años de violencia extrema y privación bajo Estado Islámico afirman que los familiares de los milicianos no tienen cabida entre ellos.

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En zonas arrebatadas al grupo terrorista han aparecido octavillas amenazando a las familias de los milicianos y grupos de vigilantes ha lanzado granadas contra sus casas.

"La venganza no es una cura", defiende Alí Iskander, el máximo responsable del distrito de Bartella, donde se encuentra el campamento. "Estas familias deberían recibir cursos de rehabilitación", añade.

Las autoridades locales en Mosul recientemente emitieron un decreto para exiliar a las familias de milicianos de Estado Islámico a campamentos para que sean rehabilitados ideológicamente.

Pero los grupos de defensa de los Derechos Humanos sostienen que el castigo colectivo mina las perspectivas de reconciliación tras Estado Islámico y corre el riesgo de fomentar una generación de descastados sin ninguna participación en Irak.

"Si les aislamos, ¿cómo les traeremos de vuelta al redil de la nación?", se preguntaba un responsable local durante una visita al campamento este domingo. "Se convertirán en Daesh", advirtió, empleando el acrónimo en árabe del grupo terrorista.

"AHORA ESTAMOS PERDIDOS"

La hija de Umm Hamoudi tenía solo 14 años cuando su padre la casó con un miliciano de Estado Islámico. Este también fue abatido hace un año cuando la chica estaba embarazada de su primer hijo, que yace ahora dormido en el suelo de la tienda de campaña, ajeno al estigma que seguramente ensombrecerá el resto de su vida.

Umm Suhaib, de 32 años, supo por última vez de su marido hace dos meses. "Seguro que está muerto", afirma, sin mostrar ninguna emoción. La mujer amenazó con abandonarle cuando se unió a Estado Islámico hace alrededor de un año después de que el grupo tomara la ciudad, pero no lo hizo por sus cuatro hijos.

Su marido, un devoto musulmán, se vio seducido por la idea de un califato moderno y ofreció sus capacidades como ingeniero al servicio del proyecto de construcción de un estado del grupo terrorista. Según Umm Suhaib, llegó a lamentar su decisión pero para entonces era demasiado tarde. "Malgastó su vida y arrastró la nuestra con ello", lamenta. "Ahora estamos perdidos", asegura.

Malgastó su vida y arrastró la nuestra con ello

Al igual que otras mujeres cuyos familiares varones se unieron a Estado Islámico, Umm Suhaib asegura que se vio impotente para impedir que lo hiciera.

"No tengo ninguna autoridad sobre ellos", sostiene Fatima Shihab Ahmed, de 50 años, sobre sus dos hermanos, que también se unieron al grupo. La mujer cree que siguen vivos en Tal Afar, una ciudad controlada aún por los milicianos que las fuerzas iraquíes se disponen a asaltar de forma inminente.

La propia Fatima es también sospechosa: el hijo de un vecino la acusó de trabajar para la policía moral de Estado Islámico, conocida como Hisba, que castigaba a las mujeres que infringían el estricto código de vestimenta de los milicianos. Ella lo niega.

Ninguno de los familiares varones cercanos de Umm Yousif se unieron a Estado Islámico, asegura. La mujer se vio separada de su marido herido cuando huían del distrito de Midan la semana pasada y cree que ha sido llevado a un hospital después de que las fuerzas de seguridad iraquíes controlaran sus posibles vínculos con los milicianos.

"Puede que esté muerto. Quizá esté vivo", afirma, rogando que le permitan salir de campo para poder buscarle. "Ellos dicen 'sois todos Daesh', pero no lo somos. Incluso si lo fuéramos, ¿qué tiene que ve como mujeres y niños? Cada persona es responsable de sí misma", defiende.

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