Los hombres que luchan contra la violencia sexual en los campos de refugiados rohingyas

Actualizado 01/06/2019 9:30:27 CET
Los hombres que luchan contra la violencia sexual en los campos de refugiados rohingyas
ACNUR/WILL SWANSON 

Un programa de ACNUR trata de concienciar mediante hombres modelos a seguir

COX'S BAZAR (BANGLADESH), 1 Jun. (Por Don Murray, ACNUR) -

Cuando escucha insultos sexuales o murmullos contra mujeres, Mohamed, un refugiado rohingya, los contesta. "Cuando hablamos de violencia sexual, le dijo a un chico 'has nacido de una madre, tienes una hermana'", cuenta. "A un joven que piensa en mujeres, le dijo que piense en su madre o hermana. '¿Te gustaría que les pasara algo a ellas'?".

Mohamed es un refugiado modelo, uno de los 105 en el enorme complejo de campos de refugiados en el distrito de Cox's Bazar, que actualmente es el hogar de casi un millón de refugiados rohingya. Más de 740.000 de esos refugiados escaparon la represión militar que comenzó en agosto de 2017, huyendo de atrocidades y violencia brutal, incluidos violaciones y agresiones sexuales.

Aunque se enfrentaban a persecución y exclusión en Birmania, los rohingya vivían en comunidades en las que las prácticas tradicionales de autocorrección florecían.

Las violentas condiciones bajo las que los refugiados rohingyas se vieron desarraigados de sus casas, sumadas a las condiciones de vida antinaturales en los campamentos densamente poblados, figuran entre los principales motores de conductas abusivas en el exilio.

El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), apoya la identificación, asesoramiento y derivación a servicios específicos a todos los supervivientes, incluidos hombres y chicos.

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El programa de modelos a seguir busca animar a los hombres a desafiar el acoso sexual y la violencia en el exilio y replantear las complejas cuestiones de género que a veces llevan a violentas disputas.

"Tenemos que educar a estos hombres jóvenes. Así que tenemos que explicar lo que estamos haciendo y lo que ellos pueden hacer", señala Mohamed, de 23 años, otro voluntario de modelo a seguir en los campamentos, donde los residentes están seguros, alojados y alimentados, pero tienen pocas oportunidades de trabajar o estudiar formalmente.

"Muchos de estos hombres jóvenes dicen: '¡No servimos para nada!'", cuenta Mohamed. "Muchos carecen de educación, sienten que pueden hacer cosas con una mujer joven y siente que pueden salir impunes", añade.

Mohamed forma parte de un grupo de cinco jóvenes de cerca de 20 años o algunos más que trabajan junto con un imán en el asentamiento para plantar cara a estas actitudes.

Los jóvenes, todos voluntarios comunitarios, están entrenados para identificar cuestiones que tienen que ver con violencia doméstica, matrimonio temprano, pagos de dotes, poligamia y conductas agresivas hacia las mujeres. Fueron entrenados mediante juegos de roles como perpetradores, víctimas y espectadores, explica el coordinador del programa de ACNUR, Jahidur Rahman.

"Nuestro papel en esto era mostrar cómo hacer de los espectadores agentes de cambio", señala Rahman. El programa es nuevo y, para lanzarlo, los organizadores convocaron reuniones en mezquitas y centros comunitarios. Los jóvenes modelos a seguir fueron animados a trabajar mediante el deporte, como vía para generar confianza con la comunidad.

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Por otra parte, una red de mujeres refugiadas voluntarias recorre el asentamiento puerta por puerta para hablar con mujeres y niñas, que suponen más de la mitad de la población en los campamentos. Si sospechan que hay pruebas de violencia sexual, contactan con las autoridades del campo y hacen que se traslade a la víctima a un espacio para mujeres.

"Oía discusiones respecto a la violencia sexual y quería implicarme", cuenta el imán Mohamed. "El personal del campamento me pidió que identificara los mayores problemas en la comunidad. De la lista, vi un gran problema de matrimonio infantil y una creciente tasa de divorcios", añade.

"Me senté con los líderes comunitarios y preparamos un documento para las autoridades del campo. Incluí el Corán, que prohíbe la violencia contra las mujeres, y que desaconseja las dotes cuando no hay dinero", precisa.

El matrimonio temprano y la dote a menudo están relacionados. Los padres que acuerdan el matrimonio de una hija se ven aliviados de tener que mantenerla, pero el precio es una dote. Y el dinero en los campamentos es escaso. Ahmed, otro modelo a seguir, explica cómo el proceso se ve enredado en la violencia.

"A veces, si la dote se supone que tiene que ser 60.000 taka (unos 700 dólares), los padres no pueden pagar toda la cantidad. Así que negocian un pago a la baja y prometen pagar el resto más tarde", afirma.

Ahmed describe con orgullo cómo persuadió a dos familias para que renunciaran a la dote para preservar la armonía. "Y los vecinos aceptaron la idea", cuenta, "porque era mejor para la comunidad que la violencia".

Ese sentimiento de orgullo es evidente en todos los jóvenes cuando describen su trabajo en la comunidad. Al principio, algunos puede que se unieran simplemente por tener algo que hacer, pero ahora son parte del equipo, se ven a sí mismos como líderes en la comunidad. Y su trabajo también pone el énfasis en la importancia de los hombres en este proceso.

"Paso dos o tres horas al día trabajando en esto", indica Ahmed. "Cuando juego al fútbol, cuando veo a alguien haciendo o diciendo cosas malas, me pongo a hablar con ellos", añade.

El éxito inicial del programa ha llevado a planear ampliarlo. El orgullo y las capacidades de persuasión de los jóvenes modelos a seguir está ayudando a aliviar las tensiones y unir a las comunidades, aunque llevará más tiempo atajar las causas que subyacen.