MADRID 29 Ene. (OTR/PRESS) -
Lo dicho. Grecia será un banco de pruebas a disposición de nuestra clase política. Eso revienta de alguna forma el mantra de que España no es Grecia, repetido estos días hasta la saciedad. Podemos tampoco es Syriza. Ni el PSOE es el PASOK, aunque el hecho de que los socialistas griegos se hayan pasado a Syriza cursa entre los socialistas españoles con miedo al contagio. Por si el trasvase se produce hacia Podemos.
Vale, huyamos de los paralelismos, pero admitamos que pintan calva la ocasión de aplicarnos el cuento de lo que ocurra o deje de ocurrir en el país heleno, de cara a las elecciones generales que Rajoy convocará para finales del año en curso. Y entonces los españoles ya tendrán muchos más elementos de juicio a la hora de pasar por las urnas. En el bien entendido que el nivel de malestar social en España aún está en punto de reconducción y no el punto de ruptura que le ha dado el triunfo electoral a Syriza.
Rajoy ya hizo su particular emplazamiento la otra noche en la tele: "Criticar es fácil, pero gobernar, no. Ahora vamos a ver como gobierna Syriza". Es evidente que espera encontrar en el gobierno de Alexis Tsipras una prueba que sirva para frenar el avance de Podemos.
Por distintas razones, el líder socialista, Pedro Sánchez participa de esa intención táctica, aunque marque diferencias. Por ejemplo, que en Grecia no había más opción que Syriza y en España está viva la alternativa socialista. Y que, como queda dicho, Syriza no es Podemos ni Tsipras es Iglesias. En eso tiene razón. De entrada, el partido griego se define como "radical". En aquel idioma significa "innovación", mientras que la radicalidad de Podemos se manifiesta significa borrón y cuenta nueva.
Puestos a encontrar paralelismos, podríamos ir aplicándonos el cuento de lo que significa soberanía nacional en todos los idiomas. Y hasta qué punto queda sometida a los compromisos adquiridos por su clase política. Como dice Tsipras, los métodos no forman parte de los tratados de la UE. Por tanto, se asume la obligación de devolver lo prestado, aunque no hasta el punto de asumir el cómo y el cuándo al dictado de los jerarcas de Bruselas (austeridad hasta la asfixia, no).
Se objetará con las obligaciones de un socio so pena de expulsión. Es más fácil decirlo que hacerlo en estas circunstancias. Antes de dar por irremediable la salida del euro de Grecia hay un amplio margen de negociación para conciliar imperativos del mercado, que es el catecismo de la troika, con voluntad soberana de un país, que es expresión de la dignidad nacional. Así que menos lobos, señor De Guindos, ministro comisionado por el Eurogrupo para recordarle a los griegos que los acreedores quieren recuperar su dinero. prestado.
Tsipras no romperá la baraja de ninguna manera. Lo cual puede favorecer a Podemos, salvo que la moderación sobrevenida llegase a desnaturalizar sus propuestas hasta el punto de confundirse con las del PSOE.