MADRID 13 Sep. (OTR/PRESS) -
El Consejo de Ministros de este viernes sigue empeñado en demostrar que el Gobierno gobierna: reactivará por decreto el Impuesto de Patrimonio, una medida que el propio Rubalcaba -y no el presidente del Ejecutivo_ se encargó de anunciar, en una clara demostración de quién es el que lleva el timón aquí. Conste que no me parece desacertado reactivar este impuesto, como tampoco me lo pareció reformar la Constitución, aunque sus efectos vayan a tener lugar 'ad calendas graecas'.
Lo que me parece mal son las formas, que en política son tan importantes como el fondo. Reformar nuestra ley fundamental es imprescindible, y en muchas más cosas que en el mero artículo 135. Pero sigo sin ver la necesidad de esta 'reforma express', generando la sensación, sin duda no muy errada, de que estamos a las órdenes de los 'diktat' que llegan de fuera.
Lo mismo cabría decir del Impuesto sobre el Patrimonio. Recrearlo por decreto, con el Parlamento al borde de la disolución -este martes se celebra la penúltima sesión plenaria del Congreso- puede que no sea, como dicen algunos en la oposición, inconstitucional; pero es, desde luego, una falta de estética política, más allá, repito, de lo que nos pueda parecer la propia medida en sí.
Hay cosas (esta es una de ellas) que, en mi opinión, deberían consensuarse, y más en la situación extremadamente delicada que vive la economía europea y, por supuesto, la española. Me preocupan, alguna vez lo he dicho, los períodos de interinidad, que son aquellos en los que más desmanes, errores y precipitaciones se cometen. Vigilancia es la palabra.