Actualizado 01/09/2010 14:00

José Cavero.- Las dos preocupaciones de Zapatero.

MADRID 1 Sep. (OTR/PRESS) -

La ciudad china de Shanghai proporcionó este lunes al presidente Zapatero la ocasión para hablar de dos cuestiones, relacionadas ambas con los presupuestos para 2011, que presentan algunos grados de inquietud política: las negociaciones con el PNV para conseguir la mayoría que permita aprobar los presupuestos, y la eventualidad de aque esos presupuestos puedan contener alguna reforma fiscal de relieve. Sobre la posibilidad de entendimiento con el PNV no la descartó el presidente y acerca de la futura fiscalidad, el presidente fue explícito: No habrá "reformas sustanciales" en materia fiscal, sino en todo caso "innovaciones o modificaciones" que supongan un "cierto esfuerzo mayor para quienes tienen más capacidad económica".

E incluso estas últimas, puntualizó, quedarán condicionadas al resultado de las negociaciones que mantiene el Gobierno con otros grupos parlamentarios, preferentemente el PNV, para lograr la aprobación de los Presupuestos del Estado de 2011. De esta manera, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, zanjaba en Shanghai la polémica sobre un próximo aumento de impuestos que durante el mes de agosto han protagonizado el ministro de Fomento, José Blanco, y la responsable de Economía, Elena Salgado, con un respaldo explícito a la vicepresidenta segunda. En segundo plano han quedado sus promesas de antes del verano de compensar con una subida de impuestos a los más ricos las medidas de ajuste que, como la subida del IVA, la rebaja del sueldo de los funcionarios o la congelación de las pensiones, ha recaído básicamente sobre las espaldas de los asalariados y la clase media.

Se insiste en medios económicos en que el objetivo prioritario del Gobierno de aquí a fin de año es sacar adelante las cuentas públicas. Zapatero no llegó a decir que su eventual rechazo en las Cortes le obligaría a adelantar las elecciones previstas en 2012, pero sí subrayó en varias ocasiones que su aprobación resulta "muy conveniente" para facilitar la salida de la crisis, el cambio de modelo productivo y la reducción del déficit, imprescindible para garantizar la estabilidad financiera. Y expresó su confianza en lograr el respaldo de otros grupos parlamentarios; en particular el PNV, que ya votó los presupuestos vigentes y al que ahora ha calificado de socio "objetivamente preferente".

Zapatero, para lograr su apoyo, se mostró dispuesto a negociar medidas que profundicen el autogobierno vasco y, específicamente, "todo lo que sean transferencias dentro del marco estatutario, y que además incidan en temas económicos y de empleo". Zapatero tendrá que hilar muy fino, pues el PNV ya rechazó el año pasado la cesión de las políticas activas de empleo, que el Gobierno aceptaba traspasar, y el lehendakari, el socialista Patxi López, le ha pedido "fortaleza" frente a las demandas nacionalistas.

Posiblemente con el objetivo de tranquilizar a éste, el presidente aseguró que un eventual pacto con el PNV será "transparente", a diferencia de lo que hizo el PP en 1996, cuando aceptó aplicar el artículo 150.2 de la Constitución, que prevé la transferencia de competencias exclusivas del Estado, para sacar adelante la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno. "Quizá era el tiempo de hablar catalán en la intimidad", ironizó, parafraseando a su antecesor. En su respuesta, junto al PNV, el presidente citó a Convergència i Unió (CiU), Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro (UPN) como interlocutores de la negociación de los Presupuestos. E incluso, aunque de forma más bien retórica, tendió la mano al PP.

"Ojalá también estuviera dispuesto a un pacto", apostilló. Apuntan los analistas políticos que, para facilitar el acuerdo, dejará aparcados otros proyectos, como la Ley de Libertad Religiosa, que se había comprometido a remitir a las Cortes antes del verano y luego pospuso al otoño. "Es lógico que hasta que tengamos presupuestos, con acuerdo político como espero y deseo, no pongamos en marcha otras iniciativas de carácter legislativo", argumentó.

Por cierto, que en ningún momento apareció especialmente preocupado por la consecución de ese acurdo trascendente con los nacionalistas vascos. O lo ve ya a su alcance, o tiene "un plan B" del que echar mano...

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