Actualizado 21/12/2010 13:00

Rafael Torres.- Al margen.- Esclavos de nuevo.

MADRID 21 Dic. (OTR/PRESS) -

Esto de pretender que sean los parados y los jubilados los que paguen los platos rotos del capitalismo salvaje -valga el pleonasmo-, pudiera tener más de escarmiento histórico a la clase trabajadora que de recurso circunstancial para salvar las cuentas. Se trata, ciertamente, de la liquidación de lo que se llamó "estado del bienestar", cuyos pilares, como se sabe, eran el pleno empleo y el digno retiro de los trabajadores al cesar su explotación o su actividad laboral, llámese como se quiera. Si se hacen los cálculos adecuados, y no los que urden los especuladores que manejan los mercados que, a su vez, dictan la política a los gobiernos, no sólo se descubre enseguida el contrasentido que supone el aplazamiento de la edad de jubilación respecto a la creación de puestos de trabajo, sino que las cantidades que el Estado "ahorra" obligando a los ancianos a seguir deslomándose son irrelevantes.

Pero ese remedio, que es infinitamente peor que la enfermedad en parte imaginaria (el estado futuro de la Seguridad Social), recae sólo sobre quienes no hicieron en su vida otra cosa que trabajar y, con ello, construir el país y dotarle de lo poco o lo mucho que tenemos. Por el contrario, a quienes han hecho del escaqueo laboral el arte de sus vidas, a los parásitos de la nación que tanto abundan en cada sector de ella, en el comercio, en el funcionariado, en la banca, en la política o en la industria, en nada les afectan negativamente los recortes (que son de derechos y de dignidad sobre todo), pues, en puridad, no pertenecen al número de los trabajadores de todas clases que deben ser castigados y reconducidos a la esclavitud.

Reducido el trabajador (de la construcción o de la cultura, de la oficina o del taller, de la educación o del campo) a una débil y precaria línea de supervivencia, siempre pronta a quebrarse, se garantiza su sumisión, la supervivencia del sistema y la de sus beneficiarios, que ya no son en uno u otro grado la mayoría, sino sólo los indultados momentáneamente de ésta criba criminal.

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