MADRID 9 Sep. (OTR/PRESS) -
Lo diga Sánchez o su porquero, al terror no se le puede responder con el terror sin violar los derechos humanos y pisotear el derecho internacional. El salmo es de estricta aplicación al Gobierno israelí, en pleno ataque de contrariedad porque el "corrupto" presidente español le ha leído la cartilla en nueve medidas.
Su réplica a la arremetida de la Moncloa contra la doctrina de tierra quemada en la franja de Gaza es muy endeble. Se queda en la recurrente acusación de "antisemitismo" y en el procesamiento de las intenciones de Sánchez en materia de política interior.
Es una obviedad que Sánchez juega a aglutinar el voto de izquierdas en su casi patológico braceo por seguir en el poder. Pero eso no desautoriza su acierto de denunciar la inacción de la comunidad internacional (léase ONU), cuando no su complicidad, ante la tragedia humanitaria que se cierne sobre el pueblo palestino. Tampoco le impide el legítimo deseo de capitalizar políticamente el hecho de haberse puesto desde el principio en el lado correcto del drama de Oriente Próximo.
Aunque todo eso es verdad, las presumibles motivaciones personales de Sánchez no restan valor moral y político a las medidas decretadas. Son coherentes con la reprobación del genocidio y compatibles con la condena de las atrocidades del brazo terrorista de Hamas el 7 de octubre de 2023 contra indefensos ciudadanos israelíes. Lo moralmente inaceptable es, como queda dicho al principio, responder al terror de Hamas con el terror que practica el Ejército israelí sobre la indefensa población civil de Gaza, en medio de la desidia de las cancillerías occidentales.
Me parece acertada la inicial comparación del holocausto que sufrió el pueblo judío a manos de los nazis con el que sufren los palestinos por la inhumana política de Netanyahu. Tan acertado como proclamar el derecho de Israel a vivir con fronteras seguras. Pero la explanación a sangre y fuego del territorio de Gaza, incluidos sus habitantes de siempre (hombres, mujeres, niños, ancianos, periodistas) o la utilización del hambre como arma de guerra, nada tiene que ver con el ejercicio de ese derecho porque, cuanto menos, se trata de una conducta reprobable a la luz del derecho internacional en su rama humanitaria.
En consecuencia, insisto, esa visión previa del conflicto es coherente con el apoyo a la Autoridad Palestina (es falso que el Gobierno español apoye a Hamas) y con el anuncio de proyectos de ayuda y cooperación con el pueblo palestino, tanto el de Gaza como el de Cisjordania. Pero también es coherente con el embargo de armas, los vetos al paso por nuestro territorio de personas implicadas en el genocidio, así como de combustible u otros productos que por tierra mar y aire van destinados a alimentar la maquinaria bélica de Tel Aviv.