Publicado 07/12/2023 08:03

Antonio Casado.- En nombre de la Constitución

MADRID, 7 Dic. (OTR/PRESS) -

El sentido canto de 'Aquellas pequeñas cosas' (Serrat) y 'Al Alba' (Aute), en la maravillosa voz de Maria Berasarte, durante el acto de homenaje a la Constitución en el Congreso, nos hizo olvidar por un rato que el cuarenta y cinco cumpleaños de la Carta Magna se ha celebrado en el periodo de mayor crispación política de nuestra reciente historia.

El analgésico musical también nos distrajo del poco recorrido que, por desgracia, tendrán los llamamientos de la presidenta de la Cámara Baja, Francina Armengol, buscar en la Constitución la cura contra la discordia que se ha instalado como una mala hierba en el ecosistema político y mediático de nuestro país.

Si la clase dirigente no predica con el ejemplo, caerán en saco roto las apelaciones a la obra del 78 como palanca inductora de acuerdos que cumplan y hagan cumplir los mandatos que han pautado el más prolongado periodo de progreso en paz de la historia de España, a contar desde aquel 6 de diciembre. Esa fecha de ese año selló el masivo compromiso del pueblo con sus gobernantes por una vida mejor de los españoles. Y así quedó plasmado en aquel contrato escrito que llegó al BOE con el respaldo de una inmensa mayoría de los ciudadanos en todas y cada una de las Comunidades Autónomas.

"Con las habituales ausencias de diputados republicanos, plurinacionales o independentistas la España oficial cubrió este miércoles el trámite conmemorativo del Día de la Constitución". Podría ser la entradilla de una reseña informativa cualquiera sobre el izado de la bandera en el Senado y el posterior acto del Congreso, con asistencia de las primeras autoridades del Estado. Pero en un segundo nivel de interés sobre las celebraciones, se haría imprescindible aludir al hecho que nos remite a la más perturbadora de las reseñas: hoy por hoy, tenemos una España constitucional a la defensiva, encogida frente al empuje disolvente de populismos de izquierda y nacionalistas periféricos.

Me refiero a la ausencia de representantes institucionales de partidos republicanos, plurinacionales o directamente secesionistas, que se sienten ajenos a esta clase de celebraciones. Lo malo es que esas fuerzas políticas forman parte de la ecuación de poder sobre la que se asienta el Gobierno de la Nación. Y ahí nacen las causas de la desafección constitucional que, a la contra del persistente apoyo mayoritario de los españoles, ha flotado en el ambiente de las celebraciones del martes en distintas comunidades y del miércoles en la capital de España. Ese es el problema. Si la clase política no predica con el ejemplo, de nada servirán las jornadas de puertas abiertas, los cantos a la obra del 78 o la campaña de la Moncloa para lograr que todos los españoles, en especial los más jóvenes, "conozcan, valoren y sientan la Constitución" como algo propio.

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