MADRID 7 Feb. (OTR/PRESS) -
Si en la aproximación de vísperas al dictamen de las urnas aragonesas aparcamos la cantada continuidad de Jorge Azcón (PP) al frente del gobierno de la Comunidad, veremos que todo lo demás gira en torno al fenómeno de la extrema derecha y su irresistible crecimiento. Es la pregunta del millón: ¿Con Vox o sin Vox?
Conviene recordarlo frente a quienes el domingo presentarán al partido de Abascal como el vencedor de la noche, solo por su espectacular subidón en número de escaños. El propio Azcón ha verbalizado un paralelismo entre lo que ocurrió con Podemos y lo que puede ocurrir con Vox. De la moqueta a la irrelevancia después de haber engordado sin esfuerzo, sin compromiso, sin correr riesgos.
Es lo que tiene predicar desde el burladero sin echarse al ruedo. Se llama populismo. Ora por la izquierda, ora por la derecha. Da votos, pero tiene fecha de caducidad. De ahí las apelaciones del PP al voto útil en el último tramo de la campaña. Dice Feijóo, "el cabreo no resuelve problemas". Acierta. No se puede estar pidiendo indefinidamente el voto y luego no querer gobernar. Es el síndrome del espectador bocazas, el que le dice al torero como tiene que hacer la faena, el que le dice al gobernante como tiene que hacer su trabajo, pero sin la carga del cargo.
¿Se acuerdan ustedes de lo que ocurrió con Podemos? Pues que su doctrina sobre el malestar creció, creció y creció a la misma velocidad que luego se hundió. Se rompió por dentro con mil rencillas divisivas y sus 71 diputados de 2016 se quedaron en los 4 que tiene en 2026.
Se entiende que ahora el PP ya sea el primer interesado en ofrecer sillones a Vox en sus gobiernos autonómicos y eventualmente en un futuro gobierno central de Feijóo. Es la vía acelerada para que los órdagos electoralistas de Vox empiecen a tener un coste y el viaje de Santiago Abascal pueda acabar como acabó la del ahora tertuliano, Iglesias Turrión.
Está por ver si Abascal correrá el riesgo de quemarse en los territorios antes de entrar en el Gobierno de la Nación, a la vista de que, como queda dicho, no se puede seguir siempre predicando desde la barrera cuando los sondeos anuncian una sobradisima mayoría absoluta PP-Vox.
En el caso que nos ocupa (8-F en Aragón y próximas elecciones generales) se da la circunstancia de que Gobierno y PSOE prestan a la extrema derecha del espectro ideológico un apoyo descaradamente orientado a perjudicar la facturación del PP en las urnas, aunque Vox luego ataque el bipartidismo y arremeta por igual contra el PSOE y el PP.
Pan para hoy y hambre de mañana, porque no se puede estar alimentado sine die la falacia sanchista de que el PP es igual que Vox. O la falacia ultraderechista