Publicado 07/02/2026 08:00

Fernando Jáuregui.- Pero ¿quién dice que hay problemas de movilidad?

MADRID 7 Feb. (OTR/PRESS) -

Reconozco que Carlos Alsina me arrancó una sonrisa cuando, refiriéndose a la actividad incesante de Pedro Sánchez, de Dubai a Bilbao para clausurar un congreso de industria, de la Andalucía anegada a Zaragoza para cerrar la campaña electoral, se preguntaba y nos preguntaba a los oyentes: "pero ¿quién dice que hay problemas de movilidad?". Cierto: Sánchez, a quien vemos cada día más enflaquecido, se multiplica como si estuviera clonado. Multiplica sus presencias y limita sus ausencias en una programación que algunos mal pensados pudieran interpretar como una huida hacia adelante, animada ahora por su gran batalla mundial contra los 'tecnomagnates'. Que no falte de nada, que él puede con todo.

No, para Sánchez no existen los problemas de movilidad que sí se dan en el resto de los humanos, con un corte importante de las comunicaciones con Andalucía y limitaciones en las vías férreas en general y con Cataluña en particular. Cierto que 'Leonardo', que es el nombre de la última tormenta que nos inunda, tiene mucha culpa de ello, y eso no hay quien lo prevea; pero no menos cierto es que para el intrépido 'Falcon' presidencial no hay barreras, ni límites, ni aeropuertos encharcados, al menos mientras no se demuestre lo contrario.

Reconozco que la figura de Pedro Sánchez, que es verdad que no me gusta en tantos aspectos de fondo, me fascina en su increíble resiliencia. Cómo es capaz, con la que le está cayendo, y no me refiero a la lluvia, de permanecer con ese aire nerudianamente como ausente, aunque, eso sí, sin callarse. Ahora está en plena batalla nada menos que contra Elon Musk, de lejos el hombre más rico y más pirado del mundo, sabedor (Sánchez, no Musk) de que, si eliges un enemigo, hay que procurar que sea de estatura superior a la tuya, por aquello de David y Goliath (cuando gana Goliath, a los historiadores les parece lo normal, y no lo recogen en sus libros).

Sinceramente, espero una reacción fulminante de Sánchez cuando, el próximo miércoles, conocida ya la magnitud del desastre en Aragón y si la huelga de los ferroviarios, glub, se desconvocó o no, reaparezca, cada vez más rara avis, en el Congreso de los Diputados para dar explicaciones. Si me pregunta usted qué es lo que considero más probable, le diré que, por trayectoria, lo usual sería minimizar las cosas, barrer las culpas hacia afuera, darle unos palos al PP y a Vox y seguir impertérrito su vida en el Falcon. Pero pienso que él, animal político como pocos, sabe que esta clase de resistencia pasiva ya no vale: tiene que pasar a la activa, y entonces a ver qué se le ocurre. Y, a todo esto, Puigdemont llamando a la puerta, por si fuéramos pocos.

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