Publicado 30/05/2024 08:00

Fernando Jáuregui.- ¿Begoña Gómez? ¿amnistía? Y eso ¿qué es?

MADRID, 30 May. (OTR/PRESS) -

Las sesiones de control parlamentario en el Congreso de los diputados son cada día más esperpénticas: resulta que la principal protagonista, la mujer del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, ni siquiera fue citada ayer por su nombre al ser aludida por la oposición. Y el hecho político más relevante y polémico en años, la inminente aprobación de la ley de amnistía, solo fue mencionada tras veinticinco minutos de sesión, y eso como de pasada, como si ya el tema de la amnistía fuese cosa superada, del pasado, vamos a otra pantalla.

Pedro Sánchez, que dentro de dos días cumple su sexto aniversario como presidente del Gobierno, ha hecho de la palabra "fango", atribuida desde luego a los ataques que recibe desde la ultraderecha (incluye el PP en ella, por supuesto), su santo y seña de campaña. Y tiene a gala, cuando le preguntan por las actividades 'de negocios' de su esposa, ni siquiera referirse parabólicamente al asunto: quizá sepa, pero no contesta; todo es 'fango' vertido por la fachosfera . Y está convencido, dicen, de que ni habrá imputación por el presunto tráfico de influencias de la segunda dama del país ni la instrucción del juez Peinado podrá pasar a mayores: se le da una higa, aseguran, de estas cuestiones 'menores' mientras él desarrolla su papel de estadista, por ejemplo en el reconocimiento del Estado palestino.

Una sesión de control, la de este miércoles, bronca, por completo inútil si de lo que se trata es de controlar lo que hacen el Gobierno y sus aledaños, prologó la sesión en la Cámara Baja de este jueves, en la que presumiblemente -aquí ya nada se puede dar por hecho- se aprobará la ley de amnistía rechazada por el Senado. De momento, ni se sabe cuándo podrá beneficiar esta ley a sus principales destinatarios, especialmente a Carles Puigdemont, ni qué harán los jueces españoles, y también los europeos, para, en su caso, frenar sus efectos.

Así que lo de este jueves va a ser simplemente, y nada menos, una victoria personal de Sánchez incluso sobre sus propios postulados del pasado. Un 'ahí queda eso', un desafiante 'tragaros este sapo' que casi coincide con el sexto aniversario, en aquellos comienzos de junio de 2018, de su ascenso al poder vía moción de censura contra Mariano Rajoy.

Y ya puede, ya, estar contento Sánchez con este aniversario: las encuestas auguran una cierta remontada para el PSOE en las próximas elecciones europeas, y constata que las acusaciones contra su mujer no afectan a la intención de voto. Ni eso, ni el 'Koldogate' (o 'Abalosgate') ni las ingenuas cargas de fusilería parlamentaria, con balas como de fogueo, de la oposición, claramente descolocada ante tanta demasía, ni siquiera los no tan velados reproches de los 'socios' de Sumar ante la falta de transparencia que para con ellos prodiga 'el jefe'.

Alguien que se permite salir al atril de La Moncloa para declarar el apoyo de España al Estado palestino -algo plausible_sin antes haberlo consultado con el Parlamento, ni con una parte de su Gobierno, y creo -creo- que ni con sus principales aliados exteriores y, encima, no permite a cercarse a los periodistas en tan solemne momento, es un personaje sin duda fuera de serie. Un resistente que utiliza todos los métodos para salvar el cuello de cualquier naufragio y que se juzga capaz de apropiarse impunemente del Estado. Síndrome de Hubris, llaman a esta actitud. Le ví ayer tan seguro de hasta dónde puede permitirse huir de cualquier 'línea roja', despreciar tantas 'convenciones de la democracia', que estoy a punto de felicitarle, no sin algo, bastante, de ironía, por este sexto cumpleaños durmiendo en el colchón de La Moncloa. Parecía increíble, pero ahí está.

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