Publicado 12/11/2025 08:01

Fernando Jáuregui.- Como si no estuviese pasando nada

MADRID 12 Nov. (OTR/PRESS) -

Una de las prerrogativas, pero también obligaciones, de los partidos políticos que se sustentan sobre nuestros votos y nuestros impuestos es la de poder, y deber, explicar a los ciudadanos cuáles son sus proyectos, cuál es su realidad e incluso, en su caso, cuáles son sus puntos flacos.

El silencio de las formaciones políticas, ya estén en el Gobierno o en la oposición, es siempre mala señal: tienen algo que ocultar o, incluso peor, desdeñan hacer partícipes a esos ciudadanos de sus planes y realizaciones. Lo digo, claro, por los silencios en el PSOE, que resultan clamorosos, ante el aluvión de portadas periodísticas embarazosas que cada día les caen encima.

Creo que, ante informaciones contundentes y opiniones que no lo son tanto, el Partido Socialista Obrero Español, con su casi siglo y medio de historia a las espaldas, tendría que actuar de manera tajante. ¿Cómo es posible que, tras las acusaciones de no pocos medios, que involucran casi sin tapujos 'a Ferraz' en los manejos de, por ejemplo, la 'fontanera' Leire Díez, el partido a favor del cual presuntamente trabajaba no haya demandado aún a la conspiradora? ¿Cabe el silencio ante informaciones gravísimas, como que se trataba, con el beneplácito de 'las alturas', de desacreditar a jueces, periodistas, guardias civiles y hasta banqueros poco gratos al poder monclovita, husmeando ilegalmente en sus vidas para tratar de sacar 'trapos sucios' con los que chantajearles?

Me resulta inimaginable que el PSOE, un partido imprescindible para el equilibrio político en España, se vacíe de esta forma de razones y argumentos, con un silencio y una inactividad que solo pueden provocar un desmoronamiento a medio plazo del partido. Que, con todo lo que está ocurriendo, no haya en el ámbito socialista del poder Ejecutivo o Legislativo ni una sola voz que clame en el desierto resulta, la verdad, preocupante.

El PSOE está, hay que decirlo, en un lío, por mucho que las cifras macroeconómicas apunten hacia la bonanza, al menos en términos generales. Su inestabilidad parlamentaria es patente, impidiéndole sacar adelante casi cualquier ley, comenzando, claro, por los Presupuestos. Su enfrentamiento con una parte de la justicia, y me remito a evidencias que de nuevo hemos comprobado en el caso del juicio al fiscal general del Estado, resulta descorazonador. Y en el seno del propio Ejecutivo vemos tensiones, dejaciones y actitudes que ya parecen casi crónicas.

Es en este clima casi sin precedentes en el que el presidente Sánchez, entre viaje y viaje, sale este miércoles a responder en el Congreso a un ataque en toda regla, organizado por la oposición 'popular', denunciando la corrupción en el partido y hasta en la familia presidencial y los incumplimientos de las exigencias internacionales en materia de lucha contra la corrupción. Quizá la de este miércoles, jornada en la que también declarará el fiscal general ante el Supremo, puede ser una fecha señalada en la regeneración política española, que buena falta hace. Me inclino más bien por pensar que va a tratarse otro día de esos en los que, como si aquí no estuviera pasando nada, se pasa la página emborronada para encontrarnos con otra que está aún más llena de tachaduras, borrados y, ya digo, silencios. Muchos silencios que evidencian que algo no funciona.

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