La soberanía semillera, en el corazón de la soberanía alimentaria

Un hombre vende semillas en Costa de Marfil
THIERRY GOUEGNON/REUTERS
   
Actualizado: lunes, 4 julio 2016 10:13

Los bancos de semillas tradicionales proliferan en todo el mundo

MADRID, 3 Jul. (Por Fidele Pogda, coordinador del Departamento de Estudios y Documentación de Manos Unidas) -

La lucha contra el hambre tiene como objetivo último que el derecho a la alimentación sea realidad para todo ser humano. Pero para entender las implicaciones de este derecho a la alimentación para los pueblos del Sur, sobre todo en referencia al problema de las semillas, habría que tener en cuenta el contexto agrícola internacional, en el que nos encontramos.

Dicho contexto está marcado por: intensificación y aumento de la productividad agrícola, la progresiva privatización de insumos agrícolas tales como la tierra, el agua y la semilla; la reducción de políticas públicas en apoyo de la agricultura local y la promoción de inversiones extranjeras directas en las materias primas agrícolas.

Dentro de este contexto, el Norte (especialmente desde las agencias especializadas de Naciones Unidas) entiende que el derecho a la alimentación puede conseguirse desde la seguridad alimentaria que pone énfasis en el acceso a los alimentos, sin valorar los medios para conseguirlos: ayuda humanitaria, producción interna, importación de alimentos, etc.

Los pueblos del Sur Global en cambio entienden que su derecho a la alimentación, garantizado de forma duradera, pasa por la soberanía alimentaria que es el mismo acceso al alimento, pero desde el eje fundamental (prioritario a los intereses del negocio) de una gestión local de los recursos productivos tales como la tierra, el agua, el ganado, la biodiversidad y de manera especial las semillas locales.

Tradicionalmente, el campesinado tenía una gestión casi exclusiva sobre las semillas: su producción, conservación e intercambio determinaban la producción agrícola y el consumo local. Pero hoy todo ha cambiado en la medida en que ha ido aumentando el control empresarial de la industria, con una estrategia que busca dominar el sistema alimentario controlando el mercado de semillas.

SEMILLAS TRADICIONALES

En África, las semillas tradicionales representan el 90% de cada plantación estacional; en Asia y en Latinoamérica, entre el 70% y el 80% respectivamente. Por tanto, para las multinacionales, queda un gran mercado por conquistar. Esto explica que la movilización campesina para defender sus semillas locales frente a las multinacionales semilleras se haya convertido en un elemento estratégico en la batalla más general en defensa de la soberanía alimentaria. Sin la soberanía semillera, no existe soberanía alimentaria en el Sur Global.

Por eso entiendo que la defensa de las semillas nativas no es una cuestión folclórico-cultural de las comunidades. Es, más bien, el nudo gordiano de la defensa de su derecho a la alimentación. Es, además, una defensa que no reviste siempre la figura de movilizaciones masivas que habitualmente nos trasladan los medios.

En la mayoría de las veces, se realiza sin estruendo en lo más profundo de las asambleas comunitarias donde: se debate acerca del impacto de las semillas comerciales; se analizan las nuevas leyes de semillas; se planifica la gestión integral de ríos, suelos y bosques; se organizan la recuperación y multiplicación de variedades en torno a los bancos de semillas; se entretejen las redes locales nacionales e internacionales para defender las semillas locales, etc. Todo al mismo tiempo, porque la vida no se defiende por partes.

REDES CAMPESINAS DE DEFENSA DE LAS SEMILLAS

El resultado final es que por todo el planeta se han organizado redes campesinas en defensa de las semillas, desde la red Semences Paysannes en Francia hasta la Campaña de la Semilla en Chile, pasando por la Red de Semillas de África Occidental.

Y los ejemplos son múltiples. América Latina ha sido un continente particularmente activo en la defensa de las semillas. En Chile, la aprobación en 2010 de la Ley de Semillas apoderada como "Ley Monsanto" provocó una movilización social relevante. En Colombia, la movilización campesina en 2013 consiguió la suspensión de la conocida como "Ley 9.70" que penalizaba a los agricultores por el uso de semillas no certificadas. En México, las marchas campesinas consiguieron impedir una reforma de la Ley Federal de Semillas todavía más favorable a la industria semillera.

Pero más que las movilizaciones, la disponibilidad de las semillas locales en torno a los bancos comunitarios es la que constituye la piedra angular de la defensa de la soberanía semillera. Estas casas de semillas están en todos los países.

EL EJEMPLO DE NICARAGUA

En Nicaragua, por ejemplo, hay 11 territorios declarados libres de transgénicos y una voluntad política del Gobierno de apoyar las semillas locales a través del Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria. Aquí, el rescate de las semillas locales fue una iniciativa del 'Programa Campesino a Campesino' de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos, (UNAG).

Desde ese Programa, se ha conformado una red nacional denominada Alianza Semillas de Identidad que aglutina a más de 10 organizaciones de la sociedad civil para el rescate, conservación, multiplicación, mejoramiento, uso y consumo de variedades de semillas locales como dinámica para resolver la soberanía y seguridad alimentaria del país.

Su apoyo ha permitido la creación de más de 408 bancos comunitarios de semillas que involucran a miles de familias campesinas y producen variedades de semillas de maíz, frijol, arroz y sorgo, adaptables a sus zonas agroecológicas, al manejo campesino y al cambio climático.

RESISTENCIA A LA INDUSTRIA EN INDIA

En Asia, el caso de India es también interesante porque es uno de los países donde las resistencias a la industria semillera han sido más intensas. Aquí la Campaña Global para la Libertad de Semillas (Global Campaign for Seed Freedom) fue lanzada en 2012 por Vandana Shiva, con el objetivo entre otros, de promover la defensa de las semillas locales y la sostenibilidad de las comunidades campesinas.

Esta campaña se fraguó dentro del movimiento 'Navdanya' que surgió en 1987, liderado por la propia Shiva. Navdanya, que significa "Nueve Semillas", simboliza la conservación de las variedades de plantas y semillas y su utilización como un bien común. Es también una red de productores repartidos en 17 estados de India, que ha ayudado a establecer hasta la fecha más de 111 bancos de semillas comunitarios en todo el país.

Estos bancos, además de conservar las semillas (más de 3.000 variedades diferentes de arroz, 75 variedades de trigo y 100 de mijo, legumbres, semillas de plantas medicinales de todo el país), y de preservar los conocimientos tradicionales, también permiten hacer frente a situaciones críticas y desastres ambientales.

Así, después del tsunami del océano Índico en 2004, el movimiento Navdanya proporcionó semillas resistentes a la salinidad del suelo a los agricultores afectados por el desastre.

SEMILLA TRADICIONAL

La semilla tradicional sigue siendo punto de encuentros, fuente de relaciones, síntesis de historias, punto de partida y de llegada, patrimonio de todos, que permite una producción autónoma de alimentos para la inmensa mayoría de la humanidad. Y aunque se está imponiendo la idea de conservar las semillas en el hielo como la ya famosa Bóveda Global de Semillas de Svalbard en Noruega, el Sur Global sigue apostando por la conservación de las semillas de uso alimentario en los campos de cultivos y a partir de los saberes del campesinado. La biodiversidad no necesita hielo sino campo donde las semillas logren poco a poco superar las adversidades medioambientales.

Conservemos nuestras semillas locales porque como bien afirma Vandana Shiva: "la semilla se ha convertido en el sitio y el símbolo de la libertad en la era de la manipulación".