Aviso: Esta noticia tiene más de un año. Última actualización: 20/11/2009 11:59
Investigación dirigida por Margarita Salas

Los virus se sirven del esqueleto de las bacterias para replicarse

   Un equipo dirigido por la investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Margarita Salas ha demostrado cómo los virus se sirven del esqueleto de las bacterias o citoesqueleto para replicarse de forma más eficiente, un hallazgo que podría evitar pérdidas económicas en industrias que emplean bacterias en sus procesos de producción, como la de los detergentes o fertilizantes.

   El descubrimiento de esta capacidad, "que sólo era conocida en células eucariotas, la base de los organismos complejos como el ser humano", fue publicado en la revista 'Proceedings' de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos (PNAS), y "permitirá crear estirpes bacterianas modificadas genéticamente para minimizar sus posibilidades de infección por virus", según indicaron.

   El trabajo ha contado con la participación de los investigadores del CSIC Daniel Muñoz Espín y Wilfried Meijer, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, en colaboración con científicos de la Universidad de Newcastle (Reino Unido).

   Según señaló la investigadora del CSIC, "los virus han coevolucionado con sus células hospedadoras a lo largo de la historia y, por ello, no resulta sorprendente que hayan aprendido a explotar diferentes mecanismos de ellas".

   En concreto, explicaron que "el citoesqueleto es una red tridimensional de filamentos proteicos que desempeña un papel clave en la estructura y función de las células, pues además de proporcionar soporte y forma éstas, realiza otras muchas funciones como facilitar la movilidad y el transporte intercelular o intervenir en la división celular".

   "Anteriormente, se consideraba que el citoesqueleto era una estructura única de las células eucariotas pero, en los últimos años, se han detectado homólogos procariotas, en concreto, en bacterias como las proteínas MreB, homólogas de las proteínas actinas que conforman los microfilamentos del citoesqueleto eucariótico".

   El equipo probó el fenómeno en diferentes especies bacterianas, entre ellas la Bacillus subtilis, que se utiliza en aplicaciones industriales como la producción de enzimas proteasas o amilasas. Así, explicaron que "las proteasas se emplean en los detergentes y en la elaboración de fertilizantes y son bacterias que pueden ser infectadas por el virus pi29, uno de los principales objetos de investigación de la científica del CSIC".

   En este sentido, Salas indicó que "los virus utilizan las proteínas MreB como andamios sobre los que organizar sus maquinarias replicativas, lo que les permite obtener una gran progenie viral cuando las células son infectadas y extender, así, la infección a otras células procariotas".

   En el caso de Bacillus subtilis, el trabajo "permitiría el desarrollo de estirpes con mutaciones en la familia de proteínas MreB que, por tanto, serían menos sensibles a la infección por fagos, es decir, virus que infectan a las bacterias, algo que genera grandes pérdidas económicas".

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