MADRID 24 Jul. (OTR/PRESS) -
Diez años después de la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la secretaría general del PSOE es un momento para la reflexión. Recuerdo muy bien que muchos de los que estábamos presenciando el acontecimiento percibíamos la sensación de que algo muy importante sucedía en el seno del socialismo y también en la política española. El PSOE iba a salir recompuesto de su crisis tras la derrota de 1996 y la salida de Felipe González. Zapatero necesitó poco tiempo para acometer la recomposición que traería al partido los mejores tiempos en cuando a unión y cohesión internas, que son un elemento básico para tener un partido en forma y en disposición de ganar elecciones. El hecho es que ganó las primeras elecciones a las que se presentaba, algo que sólo Adolfo Suárez había conseguido y además lo hizo derrotando al PP cuatro años después, cuando gobernaba con mayoría absoluta, tras las primeras etapas de la guerra de Irak y en pleno impacto del 11-M, origen del gran desastre último del partido de Aznar y Rajoy.
La primera legislatura no fue difícil para Zapatero, si se exceptúa el empeño desestabilizador y destructivo del partido de Mariano Rajoy, a propósito de la política antiterrorista y de los grandes inventos sobre el 11-M. La bonanza económica, los aciertos de Zapatero y los tremendos errores del PP trajeron la nueva derrota de éste en marzo de 2008. Pero Dios o el diablo le vino a ver a Rajoy con la crisis económica que comenzaba al principio de esta nueva legislatura y el PP la convirtió en el gran chollo destructivo, consiguiendo incluso sobreponerla al inmenso océano de corrupción masiva que le aquejaba, sobre todo desde febrero y marzo de 2009. El Gobierno de Zapatero ha sido incapaz hasta el momento de sacar todo el partido de esa corrupción oceánica para combatir al PP, mientras que éste se las ha apañado muy bien para cargar sobre Zapatero las culpas económicas que pertenecían por entero a sus amigos políticos e ideológicos. El presidente ha dicho que estamos mucho mejor de lo que parece, no sé si como partido o como país. Diez años después.