MADRID 1 Sep. (OTR/PRESS) -
Los hay que toman al continente africano por una delegación del "Club Méditerranée" y se marchan a la causa solidaria con poca información, un salacot, una brújula de hipermecado y la cámara de fotos para enseñarlo en su facebook. Una causa que suele ser "vacacional", no "vocacional", y que tiene mucho de ingenuos scouts que buscan historias de miedo junto al fuego. Pero luego viene la policía marroquí y lo que pasa es que les pone la cara como un pan y ya tenemos nuevo incidente diplomático. Vaya vacaciones más amargas para Moratinos, él que estaba retirado en su villa del sur de Francia.
Sin dudar de la verdadera intención de los cooperantes, que es ayudar, hay que decirles que desvían el tiro y se convierten en peligro allá por dónde pasan, entre otras cosas porque la población local que ha tratado con ellos se queda y paga las consecuencias. Algunos creerán que corren delante de los grises al pegar cuatro gritos en las calles de El Aaiún, y lo que hacen es provocar un incidente callejero que ha podido tener consecuencias fatales para ellos. La policía marroquí no se anda con chiquitas y no tiene otra cosa que hacer, (en las tardes de aburrimiento sahariano), más que repasar fichas de cooperantes y ponerles un espía para ver por dónde andan. Y como El Aaiún no es precisamente Nueva York, y la pinta de occidental canta a la legua, les cogen enseguida con la pancarta "made in Canarias".
Lejos de aprender sobre lo que le ha ocurrido a otros dos cooperantes que estuvieron secuestrados en Mauritania, la caravana solidaria se ha puesto de moda como cuando a los progres de la época les dio por estropear la isla de Ibiza, (ellos fueron los primeros en estropear el ecosistema que tanto defienden entre cigarritos de la risa). De los cooperantes de fin de semana hay que huir como de la peste o te meterán en un buen lío. En África, ahora mismo, hay más piratas que en una novela de Salgari y son ellos los que cobran los rescates y los que mangonean el reparto de las ayudas.
Si tienen un par que abandonen la cómoda vida occidental y se apunten a ayudar a los médicos, o a los misioneros que trabajan en el continente dónde mueren niños a racimos a todas horas con las tripas hinchadas. Lo otro, lo de ir de caperucitas por el monte, no deja de ser una capullada en una zona dónde cada día "tangan" a algún occidental que iba de paseo con el salacot y las fotos para el facebook.