Actualizado 22/09/2010 14:00

Rafael Martínez-Simancas.- Sin etiquetas.- Objetivos para el milenio

MADRID 22 Sep. (OTR/PRESS) -

Desconfío tanto de los líderes mundiales haciendo acto de contrición y propósito de enmienda en Naciones Unidas, como de los que juran haberse puesto a dieta después de las vacaciones en verano. La desconfianza es inicial por el nombre tan grandilocuente que le han puesto a la reunión: "objetivos para el milenio", lo podrían haber escrito en latín y les hubiera quedado mejor. Pero, comprobado está, las grandes empresas no vienen precedidas de rotundas palabras si no de eficaces acciones. No le hizo falta a Vicente Ferrer que le despidieran las autoridades en el muelle, él solito se bastó para crear una Fundación que ha dado de comer a miles de personas en la India y que está propuesta para el Nobel de la Paz. Tampoco Colón le anunció su viaje a la reina Isabel con una pancarta de "objetivo un nuevo continente".

Con el mal llamado Tercer Mundo, (¡ya se conformarían ellos con ser el cuarto!), hemos actuado con una lejanía y prepotencia inadmisible. Quizá para lavar nuestra vergüenza se crea una cumbre de objetivos de milenio, olvidando que las soluciones son más a corto plazo puesto que cada minuto de inacción de Occidente se traduce en varias personas que mueren de hambre, preferentemente niños que son más débiles, (la inacción que lleva a la inanición). Ante este panorama hemos permanecidos ciegos, sordos y mudos, pero no por un virus repentino si no porque no hemos querido ver una realidad que nos ha parecido estéticamente fea y del todo ajena a lo que ha sido nuestro modelo de bienestar de consumo igual a felicidad. Turistas occidentales han visitado esos países y lo que han hecho, en su mayoría, son tours fotográficos por las favelas, y darles caramelos a los chiquillos que esperan guiris a la entrada de las pirámides de Egipto.

Ha tenido que venir una crisis apoteósica para que a Occidente le entre una solidaridad del telemaratón: todos a una, todos a la vez, todos buenas personas. Los objetivos del milenio son loables y justos, aunque llegan con mucho retraso, para tapar el agujero negro del hambre serían necesarias varias décadas de planificación y menos golpes de pecho. Nos podemos preguntar cuánto tiempo tardará en pasárseles este calentón de boca y cuándo volveremos a ignorar a los que menos tienen. Faltan ejemplos y sobran líderes mundiales de discurso adolescente y atril. Se trata de sobrevivir, hoy, en la cara oculta de la tierra y ese objetivo no es un ataque de "buenismo" si no una necesidad.

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