MADRID 9 Abr. (OTR/PRESS) -
Alguien que pretenda ser un líder tiene que demostrarlo con hechos tanto en el día a día, como, sobre todo, cuando se presentan acontecimientos extraordinarios que requieren una actuación también extraordinaria. Mariano Rajoy Brey acaba de desaprovechar una de esas ocasiones que se salen de lo ordinario, a raíz del levantamiento por parte del juez del secreto sumarial del caso Gürtel y que afecta a muchos cargos públicos del PP.
Resulta muy difícil entender el estruendoso silencio de Rajoy desde que el pasado martes se fuera conociendo el contenido del citado sumario, salvo que se repare en lo que viene siendo la pauta de comportamiento habitual del presidente del PP cuando un problema llega a su mesa: dejar que este se pudra, ponerse de perfil, no tomar decisiones que puedan resultar incómodas. Esta es una forma posible de ejercer un supuesto liderazgo, pero desde luego, tiene muchas contraindicaciones, la principal, y no menor, que puede llevar a concluir a los potenciales votantes del PP, que a alguien que no es capaz de poner orden en su propia casa, de tomar decisiones, aunque sean duras, cuando vienen mal dadas, no se le puede confiar el Gobierno de España. Por ejemplo, la decisión hecha pública hoy del ex tesorero Bárcenas de solicitar su suspensión temporal de militancia en el PP, con todo el respeto a la presunción de inocencia que le asiste, tendría que haberse producido el mismo día del levantamiento del secreto del sumario y, sobre todo, si hace eso, ¿por qué sigue como senador en el Grupo Popular? ¿Está de acuerdo Rajoy con esto? ¿Por qué, al menos aparentemente, no ha llevado el presidente del PP la iniciativa en este caso?
¿Era tan difícil que el actual líder del PP hubiese comparecido ante los medios de comunicación para, por ejemplo, pedir perdón a los españoles, por las conductas absolutamente reprobables de algunos militantes o cargos públicos de su partido imputados en dicho caso? Porque aunque el no haya nombrado directamente a esas personas, lo que resulta evidente es que su comportamiento salpica a toda la organización política de la que Rajoy es en la actualidad el máximo responsable. Soy consciente que esperar de un político que pida perdón es casi un imposible, pero precisamente por eso, digo que el actual presidente de los populares ha perdido una magnífica ocasión para hacer algo diferente.
Rajoy y su entorno más cercano supeditan toda la estrategia política a ganar las próximas elecciones generales. Confían para ello en el desgaste que para el PSOE y para Zapatero está suponiendo la grave crisis económica que estamos padeciendo. Es posible que esa estrategia de los resultados apetecidos por Rajoy y su equipo y que ganen las elecciones. Pero dan toda la impresión de haber renunciado a algo tan esencial en política como es ilusionar, convencer, transmitir que se tiene otra manera de hacer las cosas. Y, desde luego, en el caso Gürtel, Rajoy -no así otros dirigentes populares como Esperanza Aguirre- está demostrando que es un político más, exactamente igual a otros dirigentes del PSOE cuando este partido se ha visto también afectado por casos de corrupción.